
Siempre, a media noche, te echo de menos.
Mi cama me habla de tu ausencia cuando vuelvo de mis agitados sueños y mis manos no te tocan, mi piel no te roza, ni huelo tu pelo junto a mí.
Abro entonces los ojos y confirmo que tu lado de la cama está vacío.
Desperezándome, me apoyo en tu lado de la almohada que guarda la forma de tu cabeza. Cierro los ojos y aspiro suavemente tu olor que me llega a pesar de que no estás. Huele a tu cabello y a tu piel limpia. Es un olor suave y algo dulzón por el jabón que usas.
Permanezco unos instantes medio adormilado disfrutando de tu aroma. Las sábanas aún están calientes.
Sé dónde encontrarte.
Como todas las noches.
Me levanto de la cama y voy al salón.
Allí estás.
Con tus piernas apoyadas en la ventana. Semidesnuda.
Hoy no te quiero molestar y me siento en el sofá.
Justo detrás, me quedo mirándote.
Tu pelo alborotado cae sobre tus hombros. Es castaño, y tu piel morena resalta aún más en contraste con la negra noche que se ve por la ventana.
Tienes los brazos cruzados sobre tus pechos desnudos y tus pies, sobre el marco de la ventana que permanece abierta.
Sólo te mueves para respirar.
Así todas las noches.
Todas...
Hay algo en ti "salvaje", que ni entiendo ni puedo dominar. Uso esa palabra, porque cuando te veo así, eres tan libre y diferente a este mundo, que es como si no pertenecieras a él.
Eres tan diferente al resto... y sin embargo encajo tan bien contigo.
Permanezco en silencio respirando suavemente yo también, intentando comprender qué te atrae cada noche a hacer lo mismo.
¿Eres feliz conmigo?, ¿Quieres volver a huir?, ¿Anhelas algo que no te doy? Muchas preguntas que rondan mi cabeza.
Tantos miedos, resumidos en uno.
Perderte.
No quiero que pase, que te vayas y me dejes como estaba. Porque ya nada es igual desde que te conocí.
Me acerco a ti con los ojos húmedos. No te mueves.
Me agacho levemente y te abrazo por detrás. Siento tu piel caliente y la tersura de tus pechos. Te beso en el cuello, abriéndome paso por tus cabellos.
- Te quiero -.
Sin contestarme, giras levemente la cabeza y me besas en la mejilla con tus labios entreabiertos.
Tus manos se posan sobre las mías que te abrazan.
Miro lo que tú miras, deseando ver lo que tú ves. Escudriñando la oscuridad en busca de tu secreto.
Pero no logro ver nada. Siempre lo mismo. Sólo oscuridad y estrellas.
- Tengo miedo de no verte un día en esta ventana. De levantarme y que no estés. -Te abrazo aún más fuerte -. De ser yo quien se quede mirando ese vacío... buscándote en alguna parte de esa oscuridad.
Aprietas mis manos con las tuyas.
- Me gusta estar aquí, en silencio- Me dices -. Me gusta sentir la brisa en mi piel. Me gusta sentir como te mueves en la cama y como todas las noches me vienes a buscar.
Apoyas tu cabeza en la mía.
- Yo también tengo miedo que un día no lo hagas. Venir a por mí, cogerme de la mano y llevarme a la cama, y después hacerme el amor como tú solo me lo has hecho.
Las lágrimas se agolpan en mis ojos luchando por salir.
- Ese vacío negro, me recuerda quién era, y me gusta mirarlo a los ojos y desafiarlo, porque sé que tarde o temprano me vienes a rescatar y me llevas contigo. - Giras tu cabeza y me miras. Tus ojos también están bañados en lágrimas. - Yo también tengo miedo de que todo esto no sea real.
Me miras con tus bellos ojos y veo como tu barbilla empieza a temblar amenazando tu inminente lloro.
- Llévame a la cama y hazme el amor.- Me dices.
Te levanto de la silla en brazos, y así acurrucada en ellos, te llevo como una niña pequeña hasta el dormitorio.
Te dejo sobre las sábanas y entonces haciendo un gesto de silencio con mi dedo en mis labios, me voy al salón rápidamente y cierro la ventana.
Cerrándola a nuestros miedos.
Vuelvo a nuestra cama y te amo esta noche sin soltar tus manos...
Hasta que el nuevo día, nos sorprende abrazados y dormidos.