domingo, 27 de diciembre de 2009

El y ella



Rozé tus labios con los mios, sientiéndolos en mi propia piel.
Abriendo mi boca y jugueteando con tu lengua, sintiendo tu aliento caliente, la humedad de tu boca.
Me separé de tí, y te miré a la cara. Ténías los ojos muy abiertos y tus pupilas dilatadas. Respirabas rápidamente, y una suave sonrisa se dibujaba en tus labios.
Me quedé mirándote lo que me parecío una eternidad, viendo tu cabello revuelto que caía por tus hombros.
Me acerqué a tus mejillas y te besé. Olías a tu perfume favorito.
Mis labios sentían la suavidad de tu piel, y apartando levemente la cara rozé tu mejilla con la mia cerrando los ojos.
La música nos envolvía suavemente.
Sentía tu pelo cosquillearme la punta de mi nariz y lo podía oler. Sentía el rubor de tu mejilla contra la mía. Tus brazos me envolvieron y me arroparon de amor.
Volví a separme de tí y te miré de nuevo.
No podías ser más hermosa. El pelo negro como una noche sin estrellas cubría la almohada y me apetecía con locura sumergirme en esa marea negra. Tus bellos ojos me miraban fijamente sin perder detalle de mí. Tu respiracion era cada vez mas agitada.
Sin poderlo evitar me perdí en la curva de tu cuello cerrando los ojos y abriendo levemente mis labios, atrapando las pulsaciones de tu corazón y haciéndolas mías. Sientiendo tu calor y tus suspiros junto a mi oreja. Notando como tu cuerpo se estremecía y se movía bajo el mío... Tus manos en mi espalda que me atraen hacia ti, que me envuelven y que me aprietan fuertemente.

Te beso el cuello y la punta de mi lengua se quema en tu piel caliente.

- Te amo mi vida.... Que es mucho más que te quiero. -Susurro a sus oídos.

- No me faltes nunca, nunca. Te necesito para vivir. - Me responde ella.

Caigo a su lado, y me acurruco mirándola de frente. El pelo le ha caido hacia un lado al girarse también y me duele el corazón al verla.

Le paso un dedo por su nariz, por sus cejas, bordeando sus ojos, cayendo por su mejilla y bajando por su cuello...Siento su calor, y la suavidad de su piel. Bajo por su esternón desviándome hacia un lado entre su camisa abierta, y me pierdo en la suavidad de su pecho.

Ella me sonríe pícaramente.

Acerca sus labios y me besa. Quedando nuestros labios levemente enganchados al separarse.

- ¿Ves?, ni ellos quieren dejar de estar juntos.- Me dices.

- No quiero vivir. Quiero quedarme aquí siempre .- Le respondo.

Ella sonríe mostrándome su bonita sonrisa.

- ¿Porqué no quieres vivir, tonto? Estarías conmigo siempre.

Me abrazo a ella y pongo mi cabeza sobre su pecho sintiendo su corazón.

- Porque en la vida real, fuera de aquí, todo acabara... y no quiero.

Ella me abraza con mucha fuerza cogiendo luego mi cabeza entre sus manos y apretándola aún mas contra su pecho.

- Pues quedémonos eternamente así. Para que el tiempo no nos pueda.

"A todos los que aman o amaron. Feliz navidad."

lunes, 21 de diciembre de 2009

Malas noticias








La muerte te mira con sus fríos ojos, unas veces pasando de largo. Otras volviendo su frío rostro encapuchado.
Clava tu mirada en tí,traspasando tus huesos, aguijoneando tu alma, mirándote fijamente.
Se acerca lentamente, tanto que su caminar parece eterno. Y tú solo puedes ver su capucha oscura y dos brillantes y sucios ojos. Su cuerpo parece etéreo y su olor indescriptible.
Huele a vacío. A nada. Huela a olvido, y dolor, mezclado con rabia y lágrimas.
Se acerca y con su cabeza roza tu rostro. Y sólo puedes ver esos ojos clavados en tí. Porque no hay más.
Porque todo acaba.
Porque sientes que todo se aleja de tí, como si te arrancaran la vida y tus recuerdos tirando fuertemente de ellos.
Te huele el miedo.
Lo huele porque lo transpiras por tus poros.
Le llega a ella y aunque no lo veas... sabes que sonríe.
Dá vueltas alrededor tuyo observándote.
Porque nada se puede hacer. Ella es dueña y señora.
Y queda cerca... muy cerda de tí. Con los hombros rozándose. Los dos en paralelo.
Y entonces gira la cabeza lentamente... muy lentamente. Tan lentamente que oyes sus tendones crujir.
Y te mira, te mira en un ángulo imposible.
Lo sabes, porque la miras de reojo, porque si te vuelves... si la miras todo acaba.
Y entonces camina.
De nuevo lentamente, y se aleja de tí.

Y quedas allí sólo, ni siquiera puedes llorar, porque dentro de tí;

Ya no queda nada.



Hoy me han dicho que un amigo al que hace años perdí la pista, había muerto. El hecho de que fuera hace tiempo no mitiga mi dolor. Porque siempre que me pasa esto no lo entiendo. Sí, se que es algo "normal". Pero no me acabo de acostumbrar que los amigos mueran. Creo que aún no he superado la muerte de uno que me marcó especialmente. Hoy los recuerdos de ambos me aplastan. Porque tengo mi cabeza llena de ellos. De sus risas, de los días compartidos. De sus ojos, de sus deseos, de sus esperanzas, de sus miedos, de sus ilusiones.... de su NADA.
De conversaciones infinitas...De horas de frío, mirando la luna y caminando. De risas y palmadas en la espalda.
Con uno aprendí a llorar el día de su muerte.
Hoy la melancolía me aplasta.
Maldita Parca.
Maldita seas mil veces maldita. Malditas Cloto, Láquesis y Átropos.
Malditas hermanas.
Os llevo en mi mente, hasta que la maldita vieja venga por mí.

viernes, 11 de diciembre de 2009

El dragón




En los albores del tiempo, allí donde hombres y bestias convivían unas veces en armonía, otras en difícil convivencia, había un pequeño poblado donde un pequeño hombre luchaba por ser alguien reconocido dentro de su pequeño círculo.
Era mediocre en todo, no destacando especialmente en nada. No era alto, no era guapo, no era hábil con las armas, no era excesivamente inteligente… Y eso era lo que a él le molestaba, pasar desapercibo y no ser reconocido por su gente.
Así que un día, decidido a cambiar su vida, decidió adentrarse en los pantanos e ir más allá. Y no le importó las picaduras de los mosquitos, ni los ataques de las serpientes. Ni el profundo hedor putrefacto que las aguas pantanosas emanaban. Caminaba cada día de sol a sol y cuando llegaba la noche buscaba un refugio y descansaba comiendo lo poco que podía cazar y lo que llevaba en sus alforjas.
Cuando llegó al lago su cuerpo era delgado y fibroso por los días y días de camino. Su cuerpo se mantenía alerta ante cualquier sonido y sus sentidos se habían desarrollado. Su autoestima había aumentado considerablemente confiriéndole el valor que normalmente no tenía o le faltaba.
Cuando llegó a la cueva del dragón, desenvainó su espada. La misma que cada noche afilaba y mimaba para llegado el momento, este momento, no fallara.
Sintiendo como su valor flaqueaba se adentró por el largo túnel. Poco a poco la oscuridad se fue haciendo mayor y la respiración del dragón más nítida.
Cuando llegó hasta él se quedó paralizado. No se podía imaginar que fuese tan enorme.
Su cuerpo ocupaba totalmente el ancho del túnel. Su piel, recubierta de escamas resplandecía bajo la poca luz con tonos negros y rojizos. Sus enormes alas permanecían alrededor de su cuerpo, y de la larga cola no se veía nada.
Su cabeza ancha y larga descansaba sobre el suelo.
El hombre horrorizado observó que le miraba con dos enormes ojos abiertos.
Eran de un color oscuro. Prácticamente negros.
- ¿Qué te trae por aquí, humano?
El hombre dio un pequeño paso atrás, titubeando.
- Vengo a matarte.- Dijo, intentando mostrar autoridad y convicción.
El dragón no mostró emoción alguna en su mirada. Sólo al cabo de algunos segundos habló de nuevo.
- ¿Lo vas a hacer con esa pequeña espada? La verdad que sería una muerte horrible. Ni sé las veces que me tendrían que pinchar con ese hierrecito para poder atravesar mi dura piel.
El hombre dudaba. ¿Se reía de él? Avanzó un paso clavando los pies en el suelo.
- Te clavaré mi espada en los ojos y morirás.
El dragón bostezó dejando ver una increíble boca plagada de cientos de dientes.
- Sí, tienes razón. Supongo que moriría de golpearme la cabeza con las paredes al quedar ciego.
¿Era aquello una sonrisa? Maldito dragón de los demonios, pensó el hombre. No debía de caer en su juego. No esperaba que fuese tan inteligente.
- Buscas fama. Y aquí no la vas a encontrar, salvo la muerte. Y sólo los necios se lanzan a una muerte segura que no lleva a nada. Busca tu fama en otro sito pequeño humano. Si tu vida está vacía, has escogido el peor camino para terminarla.
- Con tu muerte, seré famoso y tendré reconocimiento. Arrastraré tu cabeza o llevaré tus ojos a mi poblado y allí todos quedaran mudos. Todos los que se reían de mí o daban consejos para que hiciera esto o aquello.-Dijo el hombre plantado con su arma en la mano con gesto fiero.
El dragón permanecía en silencio observándolo.
- Me estás queriendo decir… ¿que si no eres capaz de poner orden en tu vida, vas a ser capaz de matar a un dragón? Te repito que lo que buscas está dentro de ti, y no en mis ojos. Vuelve con tu gente e intenta ser feliz con lo que tienes y eres. Aquí sólo vas a encontrar una muerte anónima. Tan vacía como la vida que has escogido vivir.
El hombre parpadeaba estupefacto. Le estaba haciendo dudar… le estaba creando grietas en su valor y dudas en su meta.
Moviendo la cabeza de lado a lado habló.
- ¡Cállate bestia!- Alzó la espada sobre su cabeza y se preparó para el ataque.
El dragón levantó un poco la tremenda cabeza.
- ¿Sabes por qué este túnel es estrecho y profundo, pequeño humano? Porque todo lo que entra no puede salir, sin toparse conmigo ni huir sin ser alcanzado… -Hizo una pausa.- ¿Sabías que los dragones echan fuego?
El hombre empezó a darse cuenta de su error tarde. Claro que sabía que escupían fuego. Y en ese túnel estrecho estaba perdido.
Corrió hacia él cuando una bola de fuego le alcanzó.
El dragón una vez acabado bostezó. El hierrecito se había fundido y el hombre estaba calcinado en el suelo. Intentar mantener una conversación inteligente con los humanos era siempre perder el tiempo. Esa raza no llegaría muy lejos, pensó.
Volvió a pegar su cabeza al cuerpo, y cerrando los ojos se quedó dormido pronto.


FIN




Evidentemente este relato es una metáfora. Quiero que quien lo lea busque en él su propio significado. Espero que os guste.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Maldito blog


Ayer me pasó algo que no llego a comprender.
Alguien se disculpaba conmigo por msg porque pensaba que yo había borrado mis post.

Primero no sabía de qué me hablaba, pero pasada la perplejidad inicial... y entrando en ese blog, ví que efectivamente mis post se habían borrado.
(Y evidentemente yo no había sido, y mucho menos ella), primero pasé a un cabreo monumental. Porque no entendía como mis comentarios se habían podido borrar así como así.
En un principio cuando ese cabreo empezó a remitir el hecho me resultó extraño.
Pero como soy curioso por naturaleza, pues empecé a pinchar en otras entradas de ese mismo blog y empecé a ver con espanto que en ellas también habían desaparecido mis comentarios.
En un puro ataque de pánico pinché en entradas que me gustaban mucho y ví como allí yo no aparecía. Entonces fuí pinchando al azar, encontrando el mismo resultado.
El que todos mis comentarios habían desaparecido.
Hecho que he confirmado esta mañana, al ver que esto ha pasado en otros blogs que suelo visitar.
Ha sido algo aleatorio, porque unos no se han tocado y sin embargo en los "elegidos" el fallo del sistema (lo llamare asi) se ha ensañado.
Supongo que los afectados deberéis de estar encima contentos por haber sido elegidos por el dedo del destino.

No sé que hacer ni a quién dirigirme. Si tenéis alguna pista por favor darmela porque aunque no tenga arreglo, al menos creo que tengo derecho a una buena pataleta, y la persona que lea el correo, que vea mi cabreo.
Os pido disculpas aunque yo no tenga la culpa, a las personas que se han visto afectadas por este fallo.

Mi estado hoy es un poco difícil de definir.
Porque me siento triste. Inmensamente triste.
No porque me considere alguien que sentencia en sus comentarios. Pero realmente había algunos buenos, otros, graciosos, etc...
India ya me ha dicho que ella los guarda en su cabeza.
Yo también me ha dicho algo parecido.
Empe no sabía ni qué decirme, porque ella sabe muy bien qué es esto.
Entre esos blogs había uno muy especial para mí. (Todos lo son a su manera) Y me ha jodido sobremanera ver que todas y cada una de las entradas que postee con cariño se han ido al garete.
Fué algo muy bonito descubrirlo y la forma de hacerlo. Fué también bonito el ir posteando e ir conociendo a su autor poco a poco entrada por entrada.
Fué como un reto tremendamente apetecible el irlo leyendo día a día a veces los dos picados al irnos posteando a la vez.
y ahora.... todo perdido.
Sí, sé que todo queda guardado en la memoria. Allí donde un fallo informatico no los puede borrar.

Pero quería hacerlo público.
Y sobre todo a esa persona, hacerle saber, (aunque sé que es consciente) de lo que me ha dolido que pierda mis comentarios.

Bueno, pues siento todo esto mis queridos blogueros.
Gracias por vuestro apoyo, y ahí seguiremos.
Luchando contra el sistema jeje.

Como se dice en V de vendetta, es el día del caos y la anarquía jajajaja.
Ojala no vuelva a pasar

Para amenizaros, os dejo esta canción que pensaba usar en alguna entrada y tenía reservada.
Pero creo que es bonita al menos para endulzar el dia.

Hoy.. me cuesta creer en su letra.










No Te Asustes

Huesos hundiendose como piedras
todo por lo que luchamos
hogares, lugares donde crecimos
todo esta hecho para nosotros

Vivimos en un mundo hermoso
si, asi­ es
si ,as­i es
vivimos en un mundo hermoso

Huesos hundiendose como piedras
todo por lo que luchamos
hogares, lugares donde crecimos
todo esta hecho para nosotros

Vivimos en un mundo hermoso
si, asi es
si, asi es
vivimos en un mundo hermoso

Todo lo que se
es que no hay nada de que huir
porque aqui todo tienen alguien en quien apoyarse

lunes, 30 de noviembre de 2009

El conductor V


-No mata por placer, ¿entiende?, si lo hace es por pura necesidad.- Su rostro marcaba bien la angustia de sus palabras.- Quiero decir que no siente placer al hacerlo. Si tiene que matar no le temblará el pulso, pero no es algo que busque para satisfacerse.

El policía la miraba con gesto de preocupación asintiendo de vez en cuando y anotando cosas en una pequeña libreta.

-¡Nada!- Dijo buscando los ojos del policía al hablar.- ¡Nada, escúcheme bien! Nada ni nadie podría impedir que me encuentre. Usted no lo conoce.
El policía guardó su libreta en su bolsillo.
- No se preocupe, nadie sabe que usted está aqui. El la buscaría en cualquier sitio antes que aquí. De hecho hemos mentido a todo el mundo para equivocarle.

Ella meneaba la cabeza rápidamente como si quisiera comprobar si estaba bien pegada a su cuerpo.

- Le digo que no lo entiende... -Miró al policía que se levantaba ya colocando la silla junto a la mesa. - No tienen ni idea. Nada le puede detener, ¿me oye?
¿Sabe porqué estaba en la cárcel, sabe lo que le hizo a aquel tipo cuando se enteró que me había pegado?, ¿cree que le importo las consecuencias, o que unas cuantas mentiras le van a desviar de mí?

El policía parecía hacer oídos sordos a lo que ella angustiada le intentaba explicar.

- Ya le digo que jamás se podría imaginar que usted está aquí. Quédese tranquila. Hay un coche camuflado en la puerta y dos hombres vigilando las veinticuatro horas.
Daremos con él inmediatamente. Sus abuelos se recuperan bien, y todo esto acabará pronto.

Ella guardó silencio. Era inútil. completamente inútil hablar con ellos.

El policía la saludó con la mirada y se dirigió hacia la puerta. Se ajustó el cinturón y la abrió.
Quedó quieto, inmóvil.
Ella le miró extrañada. Parecía haberse quedado pegado al suelo, rígido... de pié contra el marco de la puerta.
Entonces movió rápidamente su mano hacia su arma y se oyó un trueno.
Cayó hacia atrás entrando en la habitación con un fuerte impulso y cayó de espaldas inmóvil.
Su arma no llegó a desenfundarse.

Ella permaneció quieta. Rígida con las dos manos en la mesa y el rostro blanco.
Entonces se oyeron unos pasos.
Y al poco una sombra se proyectó sobre la puerta. En un parpadeo esa sombra tomó cuerpo.
Llevaba un sucio trapo negro en su mano con el cual se secaba el sudor del cuello.
Una pistola descansaba en su cinturon, metida por los pantalones.
Sus fríos ojos le miraban a través de las sucias gafas del cristal.

Entonces sonrió.
- Hola.- Dijo. -Me ha costado encontrarte.

Silencio.

- ¿Estás bien?

miércoles, 25 de noviembre de 2009

2 minutos

Sinceramente, cualquier palabra lo estropearía.

Miki Sakata.






viernes, 20 de noviembre de 2009

Figura de mujer




Desaogo mis lágrimas en
líneas escritas por pluma
que se emborronan.
Ilegibles
campan a sus anchas
por las cuadrículas
angulos y líneas
de la libreta
que llena
mi vida.
Y paso página
llenando otra hoja,
y vuelvo a pasar página
pero siempre hay otra.
Otra hoja en blanco
que llenar y mojar...
mojar en lágrimas
de tinta azul
............................








One Step Closer" ("Un paso mas cerca")

Estoy a la vuelta de la esquina de todo lo que es real
Estoy del otro lado del camino de la esperanza
Estoy debajo del puente en una marea turbulenta
Que se lleva todo lo que llamo mio
Un paso más cerca de saberlo
Un paso más cerca de saberlo

Estoy en una isla en una interseccion transitada
No puedo seguir, no puedo dar la vuelta
No puedo ver el futuro
Se aleja de mi
Solo veo las estelas de luces brillando

Un paso más cerca de saberlo
Un paso más cerca de saberlo
Un paso más cerca de saberlo
Saberlo, saberlo

Estoy colgado secándome
Con mis ropas viejas
El dedo todavía rojo por el pinchazo de una rosa
Un corazón que duele
Es un corazón que late
Puedes escuchar al que lleva el ritmo desacelerándose?

Un paso más cerca de saberlo
Un paso más cerca de saberlo
Un paso más cerca de saberlo
De Saberlo, de saberlo

domingo, 15 de noviembre de 2009

Concurso de baile





La orquesta se preparó para tocar.
Los músicos estaban encima del escenario, todos magníficamente vestidos con sus trajes de chaqué. Prepararon las partituras y se hizo el silencio.

El corazón me golpeaba alocadamente el pecho. El parquet de madera estaba reluciente, brillaba como las pupilas de ella. Las luces se habían bajado un poco para el último baile, y pocas parejas quedaban ya en la sala. Las mesas estaban llenas de gente que miraba hacia la pista.

Yo te miraba. Estabas en el otro extremo de la pista, con un vestido de gasa azul. Estabas realmente preciosa. Tenía falda de vuelo y la cintura estrecha, con un escote en V y tirantes. Llevabas el pelo recogido hacia atrás en una cola. Tu maquillaje era muy suave en tonos claritos y embellecía aún más tu rostro.
Los músicos empezaron a puntear suavemente con sus dedos las cuerdas de los violines y los contrabajos.
Y entonces una música tremendamente suave y melódica empezó a sonar. Los diferentes instrumentos se fueron sumando a la melodía y la sala se llenó de esa música tan especial.

Era feliz. No había otra palabra que describiera mi estado de ánimo. Tiré de mi chaqueta colocándola y los hombres avanzamos hacia el centro de la pista a la vez que las mujeres.

Yo llevaba el cuerpo medio girado, y ella exactamente lo mismo pero hacia el otro lado. La veía avanzar hacia mí y realmente parecía una Diosa. Llevaba los brazos semiabiertos y su falda la precedía con su vuelo.
Cuando nos encontramos nuestras manos encajaron y dimos un giro completo suavemente. Su rostro estaba medio girado y veía su hermoso cuello. La rigidez de este contrastaba con la suavidad de su piel y las líneas de su rostro. Su pelo echado hacia atrás le afinaba la cara, sus pestañas permanecían inmóviles con sus ojos fijos en el suelo.

Se giró y nos erguimos los dos mientras seguíamos girando. Yo con una amplia sonrisa en mi boca tarareaba… “ umm umm aa umm a umm”.
Ella me mira y sus ojos ríen, “qué tonto eres”. Me susurra, mientras su sonrisa se hace más amplia. Damos vuelas y más vueltas deslizándonos como si la pista fuese de hielo en vez de madera. Nos soltamos de una mano y yo con un brazo en alto la dirijo con mi mano en torno a mí. Pegamos nuestras espaldas y con nuestras manos cogidas nos balanceamos hacia los lados suavemente al ritmo de la música. Siento sus pequeñas manos en las mías, su pelo contra mi espalda, su menudo cuerpo contra el mío. Entonces ella gira y nos abrazamos con una mano en alto. Su cabeza queda apoyada contra mi pecho y no puedo evitar apoyar la mía en la suya. Huelo su pelo y siento su aliento.

La amo. La amo y mi cuerpo respira eso en cada poro de mi piel.
La música nos envuelve y es como si estuviésemos solos. Ella sube su rostro y me mira con sus profundos ojos. Su mirada brilla incluso más que los focos.
Giramos hacia la derecha unos pasos y nuestros ojos siguen enganchados. Su frente tiene pequeñas gotitas de sudor.

El impulso de besarla cada vez es más fuerte en mí. Me gustaría elevarla, cogerla y bailar con ella como si fuéramos uno.

Nos separamos un instante mientras cruzamos las parejas y es como si me faltara algo dentro de mí. La sigo con la vista y ella hace lo mismo.

Nos volvemos a encontrar y seguimos nuestros movimientos. La piel de su escote también está ya perlada de pequeñitas gotas de sudor. Sus labios entreabiertos me dejan ver la blancura de sus dientes para tomar aire.
La música me envuelve y me marea porque sólo la veo a ella.

Entonces… Sin pensarlo la cojo de un brazo y la arrastro con la consiguiente sorpresa de ella. El público se nos queda mirando mientras salimos de la sala.
-¿Pero qué pasa? -.Me dice ella.
Yo la ignoro y sigo tirando de su brazo hasta salir al exterior. Una inmensa luna plagada de estrellas nos cubre. Las decenas de sauces que hay alrededor son movidos por una suave brisa.

Sin dejarte preguntar te beso. Te beso larga y prolongadamente, sujetando tu cabeza con mis manos. Al instante tú haces lo mismo y la luna es testigo mudo de nuestra pasión.

Cuando nos separamos tus pupilas están completamente dilatadas. Un gesto de placer y sorpresa surca tu cara.

-Ya no podremos ganar. – Dices mientras recuperas el aliento.- Estás loco
-Sí... Por ti. - Respondo

Nos reímos los dos mientras la música nos llega por la puerta abierta.
-¿Me concede este baile señorita?
-Por supuesto, caballero

Nos abrazamos apoyando nuestras cabezas y permanecemos quietos. La música nos llega lejana y amortiguada.

Entonces los dos, sin separarnos, empezamos a movernos al son del viento.

jueves, 12 de noviembre de 2009

El escritorio







Pulsó play y la voz suave de Sade empezó a dejarse oir por los altavoces.
El escritorio era un caos "ordenado" de libros y cosas inexplicables.
Varios libros se amontonaban en una pirámide y a su lado un rollo de papel, ayudante inconfeso de su gripe. La cafetera, un vaso de té, azúcar, pañuelos, bastoncillos de los oídos, bolígrafos...
Aquel escritorio era como un pequeño mundo por descubrir.
Y sin embargo a ella le fascinaba. Porque realmente él era así. Como su escritorio. Desordenado, pero bello. En aparente caos pero con un inexplicable orden lógico.
La pared de enfrente llena de posters y justo debajo la cama donde él dormía.
Se acercó y se sentó apoyando su cabeza en su mano y observándolo todo. Encendió el flexo y una intensa luz amarillenta iluminó la mesa. Justo debajo de él, sufriendo su luz y calor la obra completa de Neruda entreabierta.
Miró los libros y ladeando un poco la cabeza fue leyendo los títulos. Algunos los tocaba con el dedo, como contagiándose de lo que dentro de ellos había. Le gustaba mucho el tacto del papel y como olían los libros.
El de Neruda era nuevo, y su olor le llegaba nítidamente.
Cogió el enorme vaso de té y lo acercó a su nariz. Estaba ya templado, pero lo probó, dándole un pequeño sorbo. El sabor de la menta le llenó su boca.
Entonces la vio. Era un pequeño pico marrón oscuro que sobresalía de una pila de periódicos viejos.
Los levantó y sacó una libreta encuadernada por unas tapas oscuras.
Levantó la cabeza y vio que él seguía dormido.
Con una mezcla de vergüenza y curiosidad levantó la tapa y observó las hojas escritas.
Sin duda estaban escritas de su puño y letra. Era su inconfundible letra rápida y nerviosa.
No tenía un orden establecido. Es decir... había frases sueltas, poesías inacabadas, pequeñas ideas para historias, o relatos incompletos.
Fue comprendiendo que aquella libreta era como un desahogo de su cabeza, como un refugio a algo "impulsivo" que le surgiera. Por eso estaba allí, en su escritorio, a mano.
Empezó a leer algunas cosas sueltas...
"Mírame a los ojos
y dime que ves
durante ese segundo".

Saltó a otra página.
"No todo cuanto anhelo es aquello que amo".
Nuevo salto.
"Veo tu rostro curtido, agrietado por el frío del invierno..."
Otra página...
"En la espera de tu mirada
muero.
En la presa de tu voz
duermo.
En los parentesis de tus brazos
me encuentro."
Sin darse apenas cuenta quedó atrapada por la lectura e iba pasando páginas mientras la suave música la envolvía.
"Llévame contigo
a las ciénagas de la muerte
no me importa.
Porque sé que aún allí
te buscaré y te encontraré".

En la última página había sólo media página escrita.
Decía...
"Decirte cuándo comencé a amarte,
creo que sería imposible.
Separar la fracción de segundo
donde dejé de ser yo para ser parte de ti,
sería muy difícil de encontrar en el tiempo.
Sólo recuerdo el sol que hacía entrecerrar mis ojos
y.... a ti".


y por último una frase separada del resto.

"El camino de mi vida parece hecho para encontrarte".

El corazón de ella latía fuertemente y unas lágrimas furtivas se deslizaban por su mejilla.
Dejó la libreta donde la encontró y levantándose fue hasta donde él dormía.
La persiana dejaba caer sobre él los últimos rayos del sol.
Su boca entreabierta intentaba respirar el poco aire que la gripe le dejaba pasar.
Se apoyó en la cama con la rodilla y besó aquellos labios.
El se despertó y al verla sonrió.
- Hola - dijo él.
- Hola.-Respondió ella.- Te quiero.
El sonrió aún más. Se quedó un momento callado escuchando la música que sonaba, y entonces empezó a canturrear con una horrible voz griposa.

"Llegaste cuando necesitaba que me salvaran
Alguien que me levantara de alguna manera
Me han destrozado tantas veces
Me han lastimado tantas veces antes
Así es que cuento contigo ahora"

Ella le hizo callar besándolo de nuevo y riendo.
El sol se ponía ya y la oscuridad empezaba a adueñarse del cuarto.
Sade seguía cantando susurrando a la oscuridad...



Llegaste cuando necesitaba que me salvaran
Alguien que me levantara de alguna manera
Me han destrozado tantas veces
Me han lastimado tantas veces antes
Así es que cuento contigo ahora

Alguien ya me rompió el corazón
Alguien ya me rompió el corazón

Aquí estoy
Así es que no me dejes varada
Al final de una línea
Colgada del borde de una mentira
Me han destrozado tantas veces
Me han lastimado tantas veces antes
Así es que ten cuidado y se bueno

Alguien ya me rompió el corazón
Si alguien tiene que perder, no quiero jugar
Alguien ya me rompió el corazón
No, no puedo volver a pasar por eso

Llegaste cuando necesitaba que me salvaran
Alguien que me levantara de alguna manera
Me han destrozado tantas veces
Me han lastimado tantas veces antes
Así es que cuento contigo ahora

Alguien ya me rompió el corazón
Si alguien tiene que perder, no quiero jugar
Alguien ya me rompió el corazón
No, no puedo volver a pasar por eso



De nuevo hay algo real aqui. Es mi libreta, y lo escrito en ella. Lo demás... producto de mi imaginación griposa

sábado, 7 de noviembre de 2009

Un poema en la lluvia



- Anda léeme un poema.
Ella estaba echada sobre la cama con las manos sujetando su pequeña cabeza.
El estaba sentado sobre el respaldo de la cama con la almohada a modo de cojín.
Cogió el viejo libro de la mesita, y lo abrió por el separador.
Por la ventana se veía la lluvia deslizándose por ella y las contraventanas moverse por el fuerte viento.
- ¿Cuál quieres? o lo dejo al azar.- La miró con sus profundos ojos negros.
Ella sonrió. - El que salga.

El fué pasando las páginas. Era un libro viejo, muy viejo. Lo tenía con él hacía años y lo había releido cientos de veces.
- Este mismo.- Dijo carraspeando para aclarar la voz.

"Angel gonzalez.

Elegía pura

Aquí no pasa nada,
salvo el tiempo:
irrepetible
música que resuena,
ya extinguida,
en un corazón hueco, abandonado,
que alguien toma un momento,
escucha
y tira."


Ella se quedó inmóvil.
De pronto se levantó y fue hacia la ventana.
- puf, ¡como llueve!
El silencio se hizo entre ambos.
El se levantó y cerró el libro. Se puso sus pesadas botas lentamente anudando fuertemente los cordones. Luego guardó el libro en su mochila y a continuación caminó hacia el sillón donde estaba su cazadora.
Cuando se la estaba abrochando sintió los brazos de ella que le abrazaban por detrás.
Se quedó inmóvil. Dejó caer los brazos y dejó que ella le abrazase sin oponer resistencia.
Cuando vio que él no se movía cedió un poco en su abrazo, primero lentamente y luego del todo. Se volvió y se fue de nuevo a mirar por la ventana cruzando los brazos sobre ella misma. Dándose el abrazo que tanto necesitaba en esos momentos.
- No ha sido casualidad, ¿verdad?, lo has escogido.
El permanecía de pié. Erguido, como un buen soldado en posición de firmes, esperando órdenes.
- ¿Cuando pensabas decírmelo? - su voz sonó algo rota a pesar de sus esfuerzos, y al notarlo siguió abrochándose la cazadora con manos temblorosas.
Ella dejó de mirar la ventana y agachó levemente la cabeza.
Acabó de abrocharse los botones y el silencio pesaba mas que el aire que a los dos les costaba respirar.
Fué hacia la cama a coger la mochila y sus pesados pasos resonaron en el suelo de madera.
- No creo que pueda amar a nadie como a ti. -Dijo él colocándose la mochila en un hombro.
-No digas eso. Por favor no digas eso. -Suplicó ella en un hilo de voz. -Entiéndeme. Claro que amarás a alguien. Claro que sí... realmente hay pocos hombres como tú.
El aguantó las lágrimas a golpe de respiración y la miró.
- Ya...
Pero no pudo soportar el dolor y se fue lentamente hacia la puerta.
La abrió y se quedó con ella un momento abierta...
Giró levemente la cara, y la miró por última vez de reojo, contra la ventana, de pié y con sus brazos cruzados.
- Realmente... no creo que pueda amar a nadie.

Y dejando atrás el silencio cerró la puerta.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Viaje de vuelta







Llevo en mi mano aún el móvil, y pegados a él recuerdos de la conversación reciente, entrecortada por mis intentos de poder respirar al llegar a la carrera luchando contra el tiempo... Pues éste no espera.

Avanzo por el pasillo buscando mi número de asiento, pero al no encontrarlo decido volverme, ante la mirada perpleja de los viajeros que me ven pasar varias veces por el mismo sitio.

Llego a un pequeño vagón intermedio, en el cual no hay absolutamente nadie, y me dejo caer en un asiento pegado a la ventana. Lo reclino al máximo y dejo caer mi cabeza cerrando los ojos.

La adrenalina aún recorre mi cuerpo movida por mi corazón. La creciente velocidad del tren hace que me balancee de un lado a otro suavemente.
Antes de dejarme vencer por el cansancio me pongo los auriculares del móvil, activando la radio. El cadillac solitario de Loquillo está terminando.
Escribo un mensaje de disculpa por mi precipitada carrera y ausencia de despedida.

El sueño empieza a vencerme a la vez que el tren empieza a coger velocidad. “Próxima parada, Osuna”, anuncia la megafonía. No leo el cartel porque permanezco con los ojos cerrados.

La emisora se pierde entre ruidos y abro los ojos para buscar otra que pueda oír. La encuentro y miro el paisaje a través de la ventana.

El cielo y las bajas nubes están pintadas en un delirio de ocres producidos por el sol feneciendo. Mi mirada queda automáticamente atrapada por lo que ve a través de ese cristal y apoyo el codo en la ventana y mi mano en la cabeza.




La música suena, y mi vista se pierde en esa marea roja que cubre el horizonte. Los recuerdos del día me vienen vívidamente; Risas, imágenes, palabras, miradas, olores y sabores que revolotean por mi cabeza.

El cielo se va oscureciendo poco a poco, y los ocres cada vez son más oscuros y los azules negros. Pero allí empieza a destacar ella. La luna. Pequeña pero preciosa.
Mi cuerpo poco a poco se va relajando, aunque no puedo dejar de mirar el cielo hipnotizado por lo que veo.

A medida que la noche avanza, ella va ganando en intensidad y presencia. Me imaginaba el Sol en el otro extremo de la Tierra, iluminándola. Pero quiero creer que ella brilla por sí misma. Que no necesita de nadie para destacar su belleza.

Y cuando la noche fue total. Su brillo aumentó. Era pequeña y redondita y seguía el camino del tren trazando unas líneas imaginarias en la noche.
Debido a la fuerte iluminación del tren en el cristal ya solo veía reflejado el interior de éste.
Pero allí, en todo lo alto, permanecía ella. Acompañándome en mi camino.
A veces quedaba entre las dos líneas de fluorescentes reflejados y parecía uno de aquellos juegos antiguos en el cual una pelota era golpeada por dos palitos.

El tren al girar provocaba su desplazamiento y ella trazaba elipses, a veces líneas rectas, otras parábolas… otras se quedaba completamente inmóvil en el cielo. Y unas pocas… se apagaba por unas milésimas de segundo cuando un árbol o casa la tapaba. Y mi corazón se encogía porque ella me hacía compañía en ese viaje de vuelta.

Un fuerte “déjà vu” me acompañaba al verla. Una llamada hace meses y la misma luna bajo distintos cielos. Dos miradas viendo lo mismo en un momento.

Y durante las más de tres horas de vuelta me hizo compañía. A veces se perdía y yo seguía mirando hacia el cielo esperando pacientemente que volviera, porque sabía que lo haría. Y siempre lo hacía. A veces me quitaba los cascos y renunciaba a la música, pero no podía renunciar a ella. La seguía viendo bailando en la noche, con sus pequeñas manchitas en su rostro.

Y diréis que es una tontería. Pero me acompañó en mi soledad y con mi silencio. Y a veces dejaba de mirarla pero cuando volvía mi vista a la ventana, sonreía. Porque allí estaba ella.

Al llegar a Granada, y bajar del tren, le lancé una última mirada, y le di las gracias.

Sí decidme loco, pero lo hice.

Bécquer decía. “La soledad es muy hermosa… cuando se tiene a alguien a quien decírselo”

Y yo esa noche… hablé con ella.



"Esta historia es real, y protagonizada por mí. Las fotos son también las que hice en ese tren y la canción también llegué a oirla"

miércoles, 28 de octubre de 2009

........................................

Hoy guardo doble silencio.
Sí, es uno de esos días que no quiero decir nada.


Ni sé quién es, y sí, parece que esté borracha, pero realmente casi me salta las lágrimas porque parece que a ella le pase lo mismo.






Y de este hombre... casi ni digo nada. Ya lo dije en su momento, casi duele.


sábado, 24 de octubre de 2009

Días



Hay días...
días sin horas.
Y horas sin minutos

Hay pensamientos vacios
miradas perdidas
y lamentos prohibidos

Hay días...
que no tienen segundos
y no tienen fin

Hay tardes negras
hojas que caen
y esperanzas marchitas

Hay días muertos
días sin vida
donde impera la nada

Hay días no nacidos
"Y la muerte no tendrá señorio"
dijo Dylan Thomas


Sin embargo reina,
dueña y señora
rige mi vida.

Hay días...
día sin horas
horas sin vida
y vida sin días.

sábado, 17 de octubre de 2009

El banco en la playa








- No vas a venir mas, ¿verdad?
El viento hacía que las olas lanzaran mil trazos de espuma en el rompiente. También jugaba caprichosamente con mi pelo alborotándolo y tapándome la cara.
El pasaba las páginas del libro nervioso sin mirarme.
Lo había conocido hacía tres meses. Casualmente, de la manera más tonta e inesperada.
Yo venía todos las tardes a sentarme en el mismo banco a leer. Y un día él estaba sentado en mi sitio. Bueno, no esque fuese mío, pero como si lo fuera.
Cuando me vío se apartó a un lado y así fue como empezó todo. Porque empezamos una conversación trivial, que seguimos hasta horas depués.
Y el día a día, se convirtión en rutina, y la rutina en costumbre.
Y pasábamos las horas de la tarde hablando de todo y de nada. Viendo su mentón, y sus ojos verdes que me traspasaban. Sintiendo sus manos cuando por alguna razón nos tocábamos.
A veces él se quedaba mirando la puesta de sol, y yo le mentía al sol y no lo miraba, porque le miraba a él. Miraba su pecho respirar, la línea de su rostro, su pelo moverse, las arrugas de sus ojos al entornarlos.
Le amaba, lo sabía. Pero no le decía nada. No era capaz. No quería asustarle, pero realmente cada vez más necesitaba de él. Y creo afirmar que "necesitar" era la palabra. Porque mi propio cuerpo se había acostumbrado a él. Mis propios pensamientos, mi propia alma. Su inteligencia me fascinaba pero sobre todo su sencillez. El no darle importancia a nada y sin embargo convertir cada pequeña o minúscula palabra dicha por él en algo mágico.

El permanecía en silencio arrugando el libro.
- Llevas días raro sin apenas hablar y me daba miedo preguntarte, pero tu silencio ya lo dice todo.
Ella guardó sus lágrimas. Apretó su mandíbula y miró el disco rojo que inundaba con su color todo el horizonte.
Las nubes bajas, impregnadas también del ocaso, manchaban el cielo azul oscuro de nubes de algodon rojizo.
- No sé qué es lo que callas, pero supongo que es evidente.
Sus labios temblaban y sus pupilas se contraían por el hiriente sol, y al aguantar las lágrimas.
- ¡Vete!
El suspiró como queriendo hablar, pero agachó aún más la cabeza.
- Que te vayas te digo.
El se levantó y dejó el libro sobre el banco.
- No lo quiero llevátelo. No quiero recordar esto.
El me miró con sus ojos verdes. Se frotaba las manos. Parecía angustiado.
- Quiero que lo leas-. Me dijo, y dando media vuelta se fué.
Yo miré al libro. El viento movía la portada levantándola.
Las lágrimas ya pedían a gritos salir y me costaba muchísimo contenerlas.
Cogí el libro y lo miré.
Se titulaba "Una mirada".
Lo abrí y me encontré con que la primera página estaba escrita.
Rápidamente leí.

"No se hablar, ni explicar lo que siento. Sólo sé que te siento dentro de mí. Que Tú, ya eres parte de mí como nadie lo ha sido en todo el tiempo que he vivido. Que mi vida se reduce a cada hora que paso contigo, porque cuando me levanto de este banco siento que la dejo aquí contigo. Dime loco, necio, iluso, llámame como quieras, pero te Amo. Amo cada parte de tu ser, y el sólo hecho de pensar en perderte me hace enloquecer. La mera idea de verte con otro me enferma de celos. Quiero ser tuyo y que tú seas mía. Ya te dije que no sé explicarlo. Sólo sé decirte... TE QUIERO."

Ella rompió a llorar y se levantó del banco.
Estaba justo detrás de ella. Y allí había permanecido mientras ella lo leía.
El rodeó el banco y abrazándola la besó.

- Nunca des nada por hecho ni por perdido -.Dijo él.
- Como me vuelvas a hacer algo así te arranco la cabeza -.Dijo ella

Y el sol cubrió sus risas con sus últimos hilos de cobre.

domingo, 11 de octubre de 2009

El gato




Para Yo, aquí la tienes.


Soy un gato.
Y está mal que yo lo diga. Pero soy un gato grande y guapo
Tengo el pelo blanco y dos manchas me cruzan la cara. Parecen un antifaz y por eso me llaman “Bandolero”.
Sé muy bien mi papel en la casa y comportarme dependiendo de con quién. Por ejemplo ahora voy andando mientras me estiro hacia el padre. Me frotaré con sus pies y sé de sobra que él me empujará. Pero es lo que tengo que hacer. ¿Por qué, diréis? Pues porque es lo que hay. No puedo dejar de hacerlo porque entonces se sentiría “aislado”. Y eso no es bueno con el padre de familia. Hacedme caso que yo sé mucho de esto.
Así que ahí voy, me acerco lantemente hasta que me rozo con sus pies como si quisiese arrascarme.
¿Veis?, no falla. Lanzo un maullido, no muy alto eso sí, y corro un poco.
- ¡Bandolero, quién le hace daño a mi niño! -. Sólo tengo que mirar a la madre un segundo fijamente con ojos de pena… ¿Veis?, así. Me lamo el costado y le maullo y salto al lado de ella. Ummm me encanta cuando me rascan la cabeza. Es un placer que no os podría describir.
- ¿El papi te ha hecho daño?, luego le pegaré yo, pobrecito mio. -Acerca su boca y me besa en la cabeza. Yo le respondo con un maullido y ronroneando.
El rie con una vocecilla imitándola y dice ... Me vas a pegar tú luego umm jajaja-. Os lo dije, es parte del juego.

Me quedo un poco al lado de ella dejando que me acaricie por el cuerpo mientras ronroneo profundamente. Esto no lo hago por ella, si no por puro placer egoista.
Al rato salto del sofá y me dirijo al cuarto de ella.
Está durmiendo. Duerme casi tanto como yo. Y eso ya es mucho.
Me subo en su cama y la observo. Tiene una expresión de paz en su rostro, y respira suavemente. Su pelo largo y negro como la noche le cae por su cabeza. A veces me gusta lamerlo, (por supuesto ella no lo sabe), pero tiene un olor especial, como ella. A veces me quedo dormido a su lado, simplemente mirándo como duerme. Me tumbo a su lado y la cuido.
¿Por qué os reís?, claro que hay peligros. Una vez una arañita andaba por la almohada, y yo me encargué de ella. No os voy a decir lo que le hice... los humanos sois muy susceptibles, pero ya sabéis que a los gatos nos gusta jugar... Os lo dejo a vuestra imaginación.
Siempre estoy alerta. Bueno a veces me "relajo", y me quedo dormido yo tambien arropado por su pelo. Ella huele muy bien, y me transmite esa paz que tiene al dormir. ¿Que si se despierta? Nunca. Eso es lo bueno.
Yo sé que no le gusto, se pone nerviosa al verme. Pero a mí eso me dá igual. Yo sigo protegiéndola y vigilando su sueño. Tengo que seguir haciendo mi papel de animal independiente y caprichoso, porque es mi naturaleza. Pero ella no sabe que paso las horas muertas junto a ella. Tampoco me importa que no lo sepa. No busco una recompensa.
Me quedo mirándola fijamente a la cara, está un poco agitada. Quizás tenga un mal sueño. Es guapa desde el punto de vista que un humano lo es para un gato. No os lo trataré de explicar. Hay cosas que son, y son porque sí.
Sé lo que tengo que hacer, y lo hago. Empiezo a ronronear suavemente mientras entrecierro los ojos.
A los pocos minutos ella deja de quejarse y respira otra vez suavemente.
Giro mi oreja porque he oído algo en los tejados.
Me pongo de pié y mirándola de nuevo me voy ágilmente hacia la terraza.
Salto a la maceta y de ahí al pequeño tejado.
Estoy en forma, os lo dije. ¿Ah, no lo dije?, bueno, pues ya me habéis visto.
Me subo y alzo mi cabeza mirando en la lejanía.
Es ella. Esa gata persa me tiene loco. Es preciosa. Y sabéis, yo creo que me busca.
¡Ay!, esa gatita me tiene el corazón acelerado.
Giro mi oreja y escucho su respiracion dentro del dormitorio. Es tranquila. No pasará nada porque me dé un paseillo.
Me desperezo y me lamo las patas arreglándome el pelo de la cabeza con ellas húmedas.
Allí voy gatita, me estás buscando, y me vas a encontrar.

Sí, soy un Gato.
Gracias por visitarme,pasaros cuando queráis. Pero no hagáis ruido.
No la despertéis.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Los imanes










"El silencio rompe mi olvido
y abrazada a tus besos
bebo largos tragos
de tus leves gemidos"

Ana jugaba con los imanes del frigorifo. Eran decenas y decenas de letras y le gustaba formar palabras con ellas. Cada día las cambiaba y formaba frases nuevas.

"Me muero cuando te vas porque no me llevas contigo"

Sonrió y siguió jugando.

"Si me amas no me lo digas jamás, no dejes de demostrármelo"

"Si me vas a dejar, deja primero a la otra y vente conmigo"

La sonrisa de Ana era cada vez mas abierta.

"Te daría mi vida, si no me hiciera falta para amarte"

Fué formando la siguiente frase...

"No te puedo olvidar, porque me robaste la memoria"

Su sonrisa se hizo más amarga. Apoyó su cabeza contra el frío metal.
Buscó las llaves en su bolsillo.

Sus manos se movieron rápidas.

"El amor no acaba.... simplemente no comienza"

Sacó las llaves y con una media sonrisa cerró la puerta de la calle.

Se le ocurrió una ultima frase mientras arrancaba el coche.

"Que te den gilipollas".

Arrancó riendo y pensando que tendría que comprar letras para su nuevo frigorífico.

jueves, 1 de octubre de 2009

El fin de mi vida


“No me gustan los hospitales ni los médicos. Me siento como un pelele o un muñeco de trapo en sus manos yendo y viniendo a su voluntad. Es como si me despojasen de mi propio ser y de mi entidad y pasase a ser sólo un cuerpo enfermo. Mañana … mañana me sentiré así. Y lo odio”



Sus labios comenzaron a temblar.
El cirujano se quitó su estúpido gorro multicolor en un gesto abatido. Sus ojos eran un poema. Cabizbajo salió de la habitación diciendo algo que ella no alcanzó a comprender.

Su corazón parecía haberse detenido, porque no lo sentía. Era como si de pronto la hubiesen metido en una burbuja de cristal aislada de todas las sensaciones del mundo exterior. Como si la hubiesen recubierto de algodón blandito que le impidiese tener contacto físico y sensorial con todo. La megafonía le llegaba lejana, a cientos de kilómetros.
Ella seguía mirando la puerta. La miraba sin verla. La miraba como queriendo que aquel estúpido volviese a entrar con su maldito gorro de color gritando que todo había sido una broma y lanzándole un serpentín hacia su cara perpleja.
Sus labios temblaban ya perceptiblemente y era como si un peso enorme le aprisionara el pecho. Su boca estaba completamente seca, absolutamente privada de la más mínima humedad. Su lengua parecía un trozo de carne muerta y enorme que le molestase incluso para respirar. Su pecho se empecinaba en bajar y subir rapidísimamente aunque apenas cogiese aire en cada inspiración. Su vista parecía haber formado un túnel con la punta de ese tubo en la puerta blanca. Cada vez su visión se hacía más y más negra y el tubo más pequeñito.
Sin ni siquiera darse cuenta de que estaba a punto de sufrir un desmayo, dio unos pasos hacia atrás y dejó caer el cuerpo en la silla. La misma silla que aún guardaba su calor. El calor de la hora que llevaba allí esperando noticias. El calor de la vida…
Su pecho seguía su carrera desesperada por coger aire, y su boca se abría también en un vano intento de coger oxígeno y evitar el desmayo.
No podía ser. No podía ser, era imposible. Ayer durmió con él. Abrazada a su cuerpo desnudo. Sintiendo su calor. Sintiendo como sus brazos rodeaban su pecho y como en una suave marea, seguían el ritmo de su respiración hasta quedar ella misma dormida. Oliéndolo, sintiéndolo.
Y por la mañana se había despedido de él besando sus labios. Sintiendo el olor de su colonia que le acompañó hasta que llegó hasta el coche. Sintiéndose feliz cuando los rayos calentaban su rostro, y al llevarse la mano a la cara… Volvió a olerlo.
Cientos, cientos de recuerdos se le agolpaban en la mente. Su sonrisa, sus oyuelos al sonreír. La fuerza de sus brazos cuando la levantaba a peso por el aire. Sus ojos profundos que le sonreían a veces y la amaban otras. Su mirada penetrante y seria cuando hacía el amor con ella. Pensó en la casa, en sus cosas personales, su portátil, su consola, su maquinilla de afeitar, su ropa, su gel de baño.
Pensó en su cuerpo inerte y privado de vida; Frío sobre una camilla de hospital. Ese cuerpo que ella amaba, roto, desprovisto de vida. Ya no podría apoyar ella su cabeza sobre el pecho de él cuando se durmiese, ya no vería erizarse su vello cuando ella lo acariciara, cuando le soplara en la nuca.
¿Y por qué no podía llorar?, a pesar de todo lo que estaba sintiendo, ¿porqué?
Su boca se abría intentándolo y su garganta empezó a lanzar pequeños estertores como si quisiese gritar y le fuese imposible.
Se agachó sobre sí misma y al presionar su pecho con las rodillas el aire por fin salió de su boca y gritó. Gritó como jamás lo había hecho. Vaciándose de su propia vida martirizada por sus propios recuerdos.
Y así permaneció un rato gritando hasta que su propia voz se fue extinguiendo. Como sus propias ganas de vivir.
Cuando fue consciente de dónde estaba y qué había pasado… buscó su bolso y cogió el móvil. Estaba apagado porque se había quedado sin batería en el trabajo. La había avisado allí su suegra que no podía ir, porque estaba en otra ciudad.
Rápidamente cogió el cargador que llevaba para casos de emergencia y buscó un enchufe para cargar el móvil y llamarla.
Seguro que le entrarían varias llamadas de ella. ¿Cómo se lo iba a decir, cómo?
¿Qué hacía él a esas horas fuera del trabajo, qué hacía conduciendo?
Enchufó el cargador y encendió el móvil marcando el pin.
Esperó unos segundos que buscase red.
Pitó. Había entrado un sms.
Lo abrió y quedó paralizada. Era de él. Decía.

“Hoy salgo antes, yo te recojo mi niña. Nos vamos a cenar y luego a casita… jeje. Te querré hasta el fin de mis días”.

Y entonces si pudo llorar.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Mi hija


La niña miraba a su madre con los ojos llorosos mientra agarraba su muñeco de peluche.

- No llores y no seas tonta que ya mismo vienes, Silvia. Venga pónte la rebeca que hace frío
La niña apretaba más fuerte aún su muñeco contra el pecho y miraba a su madre.
- Mamá, no me quiro ir, quiero estar contigo.
La madre nerviosa corría de un lado a otro del salón metiendo cosas en el bolso que daría después a su ex marido.
- Silvia, no me hagas enfadar, no seas tonta. Papá ya mismo vendrá, ¿quiéres que te vea llorando?.
Andaba de un lado para otro sin prestar mucha atención a la niña pero en su mente rogaba que no estuviera preparando uno de sus famosos berrinches. Quizás si no hacía hago caso no pasaria. Miró el reloj nerviosa y vió que ya era la hora.
Silvia rompió entonces a llorar tirándose al suelo abrazándose al peluche rosa.
- No quiero mamá, no quiero ir con papá.
- "No por favor, ahora no"-. Rogó ella acercándose a la niña.
Silvia tenía la cara descompuesta, totalmente rota y bañada en lágrimas.
Su madre empezó a preocuparse en serio. - ¿Qué te pasa Silvia, porqué te pones así?.
La niña no podía articular palabra, sólo la miraba con los ojos más aterrados que había visto en su vida.
La abrazó mientras el reloj de la pared empezaba a marcas las doce. Miraba la puerta donde pronto su ex llegaría para llevarsela.
¿Qué pasaba allí, qué era todo ese berrinche?.
- ¡Silvia! - la llamaba, pero ella tenía la vista perdida. Como si puediera ver detrás de ella. - ¿Qué te pasa hija, por favor qué te pasa? Mamá se está preocupando mucho.
La niña solo intentaba respirar mientras no paraba de llorar. Parecía a punto de darle un ataque de ansiedad.
Ella sólo podía mirar a la puerta, le parecía haber oído un coche, y una puerta que se cerraba.
No podía dejar de mirar a su hija y a la puerta. Allí pasaba algo. Algo más que su hija no quería contarle.
¿Eran pasos lo que sentía acercarse?
A su hija le costaba respirar y sus ojos parecían querer volverse
Se le escapó un grito cuando el timbre sonó.
Miró horrorizada a la puerta sin saber que hacer... y entonces sin pensarlo cogió a su hija en brazos y la llevó a su dormitorio.
- No te preocupes hija. voy a llamar a Marcos y le dire que me quedo contigo. Ahora le diré a tu padre que estas enferma, ¿vale?, no te preocupes. Venga hija tranquilízate. - Le decia todo esto mientras le acariciaba el cabello y besaba su frente.
Conteniéndose la rabia salió del cuarto y cerró la puerta. Con paso decidido se dirigió para abir la puerta.


En el cuarto... Silvia arrojó el peluche al suelo.
- Te odio Marcos.- Susurró entre dientes.
Su sonrisa iluminó su cara.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Ella



El profesor seguía escribiendo su particular galimatías en la pizarra, pero yo solo la veía a ella.
Me llegaba el olor de mi goma al ir borrando lo que había escrito en mi libreta poco antes. Haciendo como que hacía algo, como que tomaba apuntes cuando de reojo la miraba.
El sol caía en un angulo bajo y entraba perezoso por la ventana bañando con su luz los pupitres y su pelo. Era castaño y le caía por los hombros, sobre su jersey morado. Cuando se giraba para sonreir y cuchichear con su compañera le veía los carnosos labios, su fina nariz, y la línea suave de su mentón.
Me dolía el pecho cada vez que ella se giraba y podía ver su rostro. Algo de su rostro.
Veía como la goma arrancaba el lapiz en pequeñas virutas que giraban al pasar la goma sobre ellas. Cerraba los ojos pero la olía a ella, los abría y seguía allí.
Sonó el trimbre y todo fué un caos de voces y gente cogiendo sus mochilas y saliendo corriendo por la puerta.
Yo salí junto a ella mientras ella me sonreía. Me hablaba de lo que iba a hacer el fin de semana y de lo bien que lo pensaba pasar.
Yo no la escuchaba, no podía. Sólo tenía en mi cabeza un voz que gritaba, díselo, díselo, maldito cobarte de mierda, díselo.
Y le respondía con monosílabos sonriendo sin poder dejar de mirar sus ojos que me miraban.
El sol iluminaba su rostro haciéndolo aún más bello. Su mano cogía mi brazo y notaba la suave presión de sus dedos sobre él. La suavidad de su piel, y mi mente embotada de sentidos pedía a gritos que todo aquello parase, gritaba que no podía más, que no podía hacerse valer sobre aquella voz que gritaba que hablase.
Ella me miraba con sus profundos ojos y me preguntaba si estaba bien.
Claro que no estoy bien, porque te amo como jamás podrás imaginar ni llegar a soñar y soy tan cobarde que no me atrevo a decírtelo. Claro que no estoy bien porque dentro de poco tiempo te irás, te irás con el y de nuevo mi particular infierno se desatará sobre mí.
Y como una maldita premonición, como mi maldición particular llegó él y la abrazó por detrás besándola en el cuello. Ella rió, rió como jamás me sonreía a mí, y le abrazó, como jamás me abrazaría a mi.
Diciéndome adiós con la mano, se fué con el cogidos de la mano, y allí quedé yo parado en medio de la nada. De mi nada. Con mi mente en silencio por fin.
Miré mis zapatillas llenas de polvo y removí la tierra con ellos.
Empezé a caminar hacia mi casa en silencio y con la cabeza baja.
Nada ni nadie sabe como la amo, ni siquiera ella.
Ni siquiera ella.
Saqué mi mp3 y me puse a Rammstein a todo volumen.
Bueno el lunes habría otra oportunidad, ¿verdad?.
Claro que si.
claro que si....
y con la música a todo volumen empecé a caminar hacia mi destino.

Mirada





Con estos ojos miro al mundo. (Bueno tengo dos, ¡eh! no creáis que soy tuerto), y a veces lloran, a veces rien, a veces sueñan...
Intengo mirar al mundo con ojos inocentes y sorprendiéndome de todo y dejándome ilusionar. Quiero seguir así aunque la vida te lleve por otros derroteros que a veces incluso te hagan tirar la toalla de tu propia candidez.
Quiero seguir soñando que mañana será un nuevo día y mi mirada seguirá confiando en las personas y teniendo fe.
Fé en mis sueños. Fé en seguir siendo como soy.
Perdonadme toda esta tonteria, pero últimamente oigo que debería de ser mas "cabron".
Y cabrones ya hay muchos, ¿no?, prefiero seguir siendo gilipollas. xd.
gracias y buenas noches.

martes, 15 de septiembre de 2009

El tren





“Pasajeros al tren” oigo dentro de mi cabeza
Y la gente se arremolina en torno a las puertas y se oyen besos y lágrimas de despedida.
Te busco con la mirada y no te veo, y disimulo mirando mi maleta para que la gente no vea que ando solo en esa estación. Que nadie viene a despedirme. Hago como que rebusco en sus bolsillos y reviso su cremallera.
Pero mi corazón cae al suelo al agacharme y allí lo veo en el suelo. Rojo y brillante. ¿Quién abrió su cremallera?
Dudo por un instante si cogerlo o no, y con mis ojos sigo a una pareja que se besa apasionadamente en el andén. Los brazos de ella rodean su cuerpo y los de él su cabeza.
Y vuelvo a mirar a mi alrededor y nadie viene…
En un impulso cojo mi maleta, subo al tren, me siento al lado de la ventanilla y lo miro.
La gente lo roza al pasar con sus pies hasta que alguien le da un puntapié y sale rodando ensuciándose.
Mis ojos llorosos le siguen y mi frente apoyada en el cristal resbala un poco.
Doy una última mirada a la puerta de la estación. Cierro la cremallera de mi pecho y decido vivir sin él. Como si me escucharan el tren empieza a moverse lentamente mientras veo decenas de manos despidiéndose. ¿Cómo puedo llorar, si no tengo corazón, no va a servir esto de nada?
Y el tren se aleja de mis recuerdos y de mi vida, y no veo que alguien lo recoge y lo limpia con sus propias manos y lo acuna en su pecho para darle calor. Unas lágrimas lo lavan y una gasa limpia lo tapa.
Pero yo ya estoy lejos, y mis lágrimas no lavan nada. Bueno sí, mi cara y mi soledad.
“Yo te cuidare hasta que vuelva”, se oye en esa ya solitaria estación de tren.
“Yo te cuidare”.

martes, 8 de septiembre de 2009

why

Este hombre está tan unido a mi vida sentimental... que sólo oirlo me duele.








¿Dónde están los besos no dados?
Las caricias no recibidas
Las miradas cómplices.

¿A dónde va el amor no entregado?
Los abrazos y besos no prestados
¿Dónde está esa piel que no puedo oler?
¿Donde está?

¿Dónde se guarda todo el amor que no doy?
¿Hay algo en mí que lo guarde?

Dónde están los besos no dados
el amor recibido
y mi amor entregado.

En qué parte del alma
o corazón se guarda
porque quiero arrancarlo
y dejar de almacenarlo.

¿Dónde se guardan los besos no dados?

¿Dónde?

domingo, 6 de septiembre de 2009

Beautiful

Ya sabéis que cuando no tengo mucho que decir, pongo música.

Este fin de semana he tenido un par de días cinéfilos, porque no me apetecía salir. Y he visto unas pelis que no había visto, y otras que sí.

Y siempre me gusta hacer eso, porque a veces ves la películas por segunda vez y descubres frases, matices, colores que no te habías fijado o no habías visto esa primera vez.

King kong la he visto creo que por lo menos tres veces.... pero hoy ha sido especial.
Porque sonaba esto. En mi cabeza se quedaron las notas de un piano, y cuando acabó la película tuve que volver a buscar el fragmento donde sonaba. Otras veces me había pasado desapercibido, o no lo había oido como esta vez.
Sí, la gente que me conoce seguro que tiene una media sonrisa en la cara. Porque soy así. De toda película me quedo con algo de la banda sonora.

No os pido que la oigáis entera si no os apetece hacedlo. Yo cuando me tumbo en la cama, me pongo los brazos en cabeza y cierro los ojos, es muy bueno.
Es una magnífica música para oirla mientras hacéis algo con el ordenador, o para escucharla, como no.

A mí me encanta, porque es de las que acaban... y las vuelves a poner.

Espero que os guste.


domingo, 30 de agosto de 2009

El conductor IV




El Mazda es un puto horno cuando bajo de él.
El polvo que he levantado se va asentando poco a poco.
Saco mi trapo y me limpio el cuello y la cabeza mientras observo la casa. El jodido grillo parece que quiere reventarse frotándose las alitas el muy cabrón.
Miro hacia arriba y allí lo veo. En todo lo alto. Grande, muy grande. El puto sol de mierda que me acompaña en todo este viaje al infierno.
Me quito la camisa completamente sudada y la dejo sobre el coche. Con el trapo me limpio las axilas y el pecho.
Avanzo hacia la casa arrastrando los pies.
Me paro un momento para coger una pala que hay apoyada sobre la barandilla. Subo las escaleras y me planto en la entrada.
Me quito las gafas y las limpio con el trapo.
Joder que mierda, esta tan mojado que las ensucia más.
Me las guardo en el bolsillo y echándome el sucio y mojado pelo hacia atrás, toco el timbre.
La peor de mis sonrisas se muestra en mi cara.
Oigo pasos que se acercan, y la puerta se abre dejando ver la cara de un viejecito.
Le golpeo con todas mis fuerzas en esa vieja cara de mierda con la pala.
Cae hacia atrás cayendo de bruces contra el suelo.
Entro al frescor de la entrada y me quedo parado un segundo.
El no sentir el puto sol en mi cabeza... es una sensación increíble.
Pero los gritos de la vieja me sacan de mi letargo y echándole una mirada rápida al viejo inconsciente que sangra por la nariz, me voy hacia ella.
Intenta salir por la puerta de atrás, pero la alcanzo golpeándole la espalda con la pala.
Hace un ruido seco y sordo.
La vieja se cae al suelo chillando como un cerdo el día de su muerte.
Me está dando dolor de cabeza la muy cabrona.
Me saco mi trapo y me lo paso por la cara.
- O te callas o te reviento la cabeza como a tu marido
La muy puta calla inmediatamente aunque resopla y me mira con los ojos abiertos.
Me agacho con la pala bien cerca de su cara.
- Donde está.
La vieja lanza miradas furtivas a su marido en el suelo
- No se va a levantar tranquila. Y si no me lo dices pronto le voy a estar dando con esta pala hasta que sus sesos te lleguen hasta aquí.
Se lleva la mano a la boca para ahogar un grito
Dios que asco me da todo esto. Sólo quiero irme pronto y encontrarla de una puta vez.
- Ultima vez. Donde está.
Me levanto y en dos zancadas llego hasta el viejo y levanto la pala por encima de mi cabeza.
- ¡En el pueblo!
La miro. Ando lentamente hacia ella. Parece sincera.
Le golpeo con mi puño la mandíbula y cae al suelo inconsciente. Me dará el tiempo necesario para que la puta policia no ande detrás de mí.
Saco mis gafas y las limpio en el delantal de la vieja.
Me las coloco y sonrío.
Salgo al puto sol y me arrasco la barba que me pica horrores.
Cojo mi camisa y me la vuelvo a poner.
Ya casi te tengo, pienso mientras me meto en el coche. Giro la llave de contacto y Leonard susurra que el mundo está echo para amar.
Eso mismo pienso yo.
Eso mismo.

sábado, 22 de agosto de 2009

No hables

 

Hubiese deseado este día y no el que he tenido”

 

- No hables.
Ella lo hizo. Guardar silencio.
Él, le miraba el pelo, negro como la noche y ondulado como las olas del mar. Y por él sus dedos navegaban perdiéndose en su inmensidad y aflorando de vez en cuando como sirenas curiosas que emergieran a observar.
Sus ojos almendrados le miraban brillantes y con la mirada fija en los suyos.
Su respiración se aceleró cuando él entró en ella.
Lanzó un gemido ahogado recordando su mandato.
Y su placer murió ahogado en sus labios abiertos y sus ojos entrecerrados.
El le cogió la cabeza con ambas manos y se dejó caer sobre ella sintiendo la piel desnuda y el volumen de sus pechos.
Y allí, pegado completamente a ella, sintiendo cómo con su respiración el torso de ella se pegaba al milímetro al de él; Sintiendo el aliento caliente de la boca de ella en su propia boca, mirándola a los ojos directamente le volvió a decir..
- No hables.
Y ella sintió las convulsiones de él, unidas a las suyas propias.
Los ojos de ella, húmedos de placer, le miraban hipnotizados.
Él, apretando más la cabeza de ella, le besó en los labios entreabiertos, bebiéndose la vida de ella.
Y temblando los dos rodaron abrazados, sin separarse un centímetro el uno del otro, como temiendo perderlo.
No hubo palabras.
Sólo amor y sexo.
Sólo amor en silencio.



MIRA EN LOS OJOS DE LOS OTROS, MUCHAS FRUSTRACIONES
LEE ENTRE LÍNEAS, NO PALABRAS SOLO VIBRACIONES
NO IGNORES DESEOS OCULTOS
PON ATENCIÓN, ESTÁS JUGANDO CON FUEGO

EL SILENCIO DEBE SER OÍDO,
EL RUIDO DEBERÍA SER OBSERVADO
HA LLEGADO EL TIEMPO DE APRENDER, ESE SILENCIO...
EL SILENCIO DEBE SER OIDO,
O LOS DIAMANTES ARDERÁN,
LAS CARTAS FAVORABLES SE DARÁN LA VUELTA
PORQUE EL SILENCIO TIENE EL DERECHO DE SER OÍDO

LA GENTE HABLA DEMASIADO
PARA LO QUE TIENE QUE DECIR
LAS PALABRAS SIN SIGNIFICADO, SOLO DESAPARECEN

EL SILENCIO DEBE SER OÍDO,
EL RUIDO DEBERÍA SER OBSERVADO
HA LLEGADO EL TIEMPO DE APRENDER, ESE SILENCIO...
EL SILENCIO DEBE SER OIDO,
O LOS DIAMANTES ARDERÁN,
LAS CARTAS FAVORABLES SE DARÁN LA VUELTA
PORQUE EL SILENCIO TIENE EL DERECHO DE SER OÍDO.

viernes, 14 de agosto de 2009

El aroma del café

Leedlo mientras escucháis esta música.






- ¿Tú crees en Dios?
Ella dejó la cafetera en la mesa y lo miró extrañado. Se sirvió un poco de café y la dejó al lado de él para que hiciese lo mismo.
Pensó durante unos instantes la respuesta.
- Nunca me lo habías preguntado. ¿Porqué ahora?
Los ojos caoba de él le miraban interrogantes.
El café humeaba y llenaba la habitación con su aroma.
- No sé. Estos dias ando dandole vueltas. -Dijo mientras bebía un pequeño sorbo.
- Ya, pero por algo será, ¿no?
El permaneció en silencio mirando su taza.
Ella le miró a los ojos mientras se recostaba en su sillón.- ¿Quizás temas su castigo? -. Preguntó.
El levantó la cabeza sorprendido.
-¿Castigo?, ¡qué tontería!, ¿porqué habría de temer su castigo?
Ella guardó silencio. El humo del café le inundaba los sentidos cuando bebía. Cerró los ojos y lo paladeó lentamente.
Sólo se oía el crujir del sillón de él cuando cambiaba de postura.
Ella permanecía en silencio y con los ojos cerrados.
- Ya te digo... Sólo era una pregunta.
Entonces habló.
- ¿Sabes lo que decía Lope de Vega en una de sus poesías?
Silencio. El silencio sólo era roto por el ruido del reloj y el latir de sus corazones cada vez más rapido.
- Decía ... "Que por amarme a mí dejé de amaros".
De nuevo el silencio los cubrió con su espesa manta.
Ella continuaba con los ojos cerrados y su cabeza recostada sobre el respaldo.
- ¿Hay otra?
Se oyó la taza de él al dejarla sobre el plato.
- No.
- No te preocupes -. Dijo ella entre susurros. -Yo también dejé de amarte hace tiempo.
- Y... ¿Porqué seguimos juntos? - Su pregunta parecía sincera.
Ella abrió los ojos. Sus ojos estaban húmedos. Eran grandes y rasgados. Un mechón de pelo le caía sobre ellos haciéndola aún mas bella.
- Porque te quiero.
El se dejó caer sobre el sillón y sus ojos miraron los de ella.
También estaban húmedos.
- Yo también te quiero.
Los dos se miraron durante un eterno instante y se hablaron como sólo ellos se sabían hablar.
Ella sonrió levemente y dijo .-¿Sabes qué decía también Lope?.- Decía "Muere la vida y vivo yo sin vida".
El corazón de el dió un vuelco. Le fascinaba la capacidad y la inteligencia de ella.
La cabeza de él cayó sobre su pecho.
- Es eso, sin ti no soy nadie. Me muero.
Ella sollozó un poco más sin disimular.
- Es eso... yo también te quiero.

sábado, 1 de agosto de 2009

Confesiones.




Mis vacaciones la verdad que no paran de darme sorpresas.
Estos dias estoy intenando volver a hablar con mi madre en un tono normal jeje.
Ultimamente andaba un poco estresado y parecíamos un matrimonio a disgusto jajaja.
Y de aquí a dos semanas hablo con ella normalmente y la escucho. Y habla mucho, ¡eh!
Pero bueno.
Mi madre quedó viuda muy joven. Yo apenas tengo como tres o cuatro recuerdos de mi padre y evidentemente todos buenos. Yo tendría como cinco años o asi cuando murió.
Pero esta mañana he tenido una conversacion en la que ella me ha contado cosas que jamás me había contado. Jamás.
Y bueno... qué os puedo decir.
Siempre he despreciado a los borrachos, y no sabía muy bien porqué.
Esa es una buena pista... porque lo demás prefiero callarlo por respeto a mi madre.
En fin, el hombre ya murió y supongo que pagó su pena porque los últimos años de su vida no fueron agradables.
Pero hoy me hubiera gustado tenerlo enfrente para pegarle un buen puñetazo.
Sí... como lo oís. Y quien me conoce sabe que no soy un hombre violento. Al contrario.
Pero la rabia esta mañana me invadía.
La verdad que hoy he dado gracias a sacar el carácter de mi madre. Es decir mi forma de ser y de actuar. Su alegría y sus ganas de vivir y de pasarlo bien a costa de todo.
Claro que también tengo rasgos, (sobre todo la forma de reir) de mi padre.
Pero incluso en el caracter dicen que me parezco más a mi abuelo.
Cuando mi madre buscó ayuda... no encontró a nadie. Ni su propia familia, amigos, nadie.
Según sus palabras la gente es muy egoista y todos vivian de puertas adentro. Lo que pasara fuera de ellas no le importaba a nadie. Y claro... todo el mundo se desentendió. Y mi madre se vió sola y tuvo que tirar adelante.
Eso sí, cuando se quiso venir a Granada todo el mundo se echó las manos a la cabeza porque dónde iba una mujer sola con tres crios. (Eso sí, su maldito egoismo no les impidió pedirle ayuda a mi madre cuando vendió la casa y pudo conseguir dinero)
Y ahora como dice ella, todo son palmaditas en la espalda cuando llega al pueblo y todo el mundo le dice... ¡Qué valiente fuiste!
Hipócritas de mierda.
Claro.... ahora sí. Ahora. ¿Dónde estaba toda esa gente cuando mi madre los necesitó?
Hay que estar en el momento, ¿para qué quiere ahora las alabanzas?
En fin. Me siento orgulloso de ser como soy porque es la educación que me ha dado.
Creo que se puede resumir en "ser buena gente".
Seguiré dándolo todo por la gente que me importa y que quiero. Porque me han parido así y así me lo han enseñado e inculcado desde pequeñito.

Mi madre ha dado literalmente la vida por sus hijos. Dejó la suya de lado, su propia felicidad para darnos unos estudios y una esperanza.

Quizás por eso cada gesto nuestro hacia ella... en fin.

No quiero enrollarme más. Sólo quería rendir un pequeño homenaje a ella por medio de esta entrada.
Espero seguir dándole mucho porque ella me ha dado todo.

Creo que jamás lo he dicho.

Pero te quiero mucho, madre.

viernes, 31 de julio de 2009

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Vacaciones¡¡¡¡¡¡¡¡¡

Pues sí han llegado las anheladas vacaciones....

¿y como han llegado?
Pues más sólo que la una.
Lo mismo que ese palote que marca la una en el reloj. Que espera ansioso el paso del segundero. Que lo vé acercarse ansioso... para verlo pasar por encima suyo exactamente un segundo... y entonces lo vé alejarse nuevamente y esperar un largo minuto su vuelta.

Así estaba yo.

Sentado en la terracita de un bar, sólo. Completamente sólo.
Con mi móvil encima de la mesa que no sirve para nada. Porque no sirve para llamar.
Sólo espera... espera, y no sabe hacer más que eso. Esperar inútilmente.

Ahogué mis penas con una alhambra especial muy muy fría. Tanto que me hacía saltar las lágrimas y así de camino podía disimular.
Enterré mi rabia con un lomo calentido en su salsa... y empujé al olvido con largos tragos de cerveza.

Tengo un largo mes por delante, y quiero disfrutar y aburrirme. Sí aburrirme, y desansar de todo.
Leer mucho, pasear, hacer fotografías y no esperar nada. Nada.

En un momento la brisa comenzó a acariciar mi piel y me trajo muchos recuerdos. Miraba el móvil y la tentación era fuerte. Muy muy fuerte. Pero no hice nada. Esperé la nada.

Llevo dos horas de vacaciones y aun estoy un poco borrachillo....
No quiero mirás atrás, aunque sé que eso es inevitable.
Tengo treinta días para descansar de un duro y largo año.

Guardo el movil en mi bolsillo, me levanto y me voy a mi casa.

Felices vacaciones a todos y todas.

¿Qué tal al bueno de Leonard para empezar nuestro relax?
Joe, ya me gustaría a mí, al menos hablar así. jeje.



lunes, 27 de julio de 2009

Mi padre

La carta del hospital, abierta, descansaba sobre la mesa.

Me acerqué a mi padre que estaba sentado en su sillón al lado de la ventana. La brisa levantaba el visillo y parecía querer tocarle su rostro arrugado. Parecía dormido.
Me senté en el sillón de al lado acurrucando los pies, y me quedé mirándole.
Su piel estaba muy agrietada por los años trabajados de sol a sol en el campo. Siempre había sido muy moreno.
-¿Qué miras? -Habló sin abrir los ojos. Parecía mirar la ventana a través de sus párpados.
Sonreí. -Al padre más feo del mundo.
El también lo hizo. Giró su cabeza y abrio sus ojos. Aún eran increíbles. A pesar de los años y las cataratas mi padre tenía los ojos mas bonitos que había visto en mi vida. Tenían una dulzura y una limpieza al mirar que te traspasaban.
- ¿Qué tal papi? -. Hice un esfuerzo para contener las lágrimas.
- Bien, hija bien. Has venido hoy muy pronto, ¿no?.
- Sí bueno, hoy no doy clases, hay huelga.
Mi padre sonrió como sólo el sabe sonreir.
Se volvió a quedar mirando la ventana.
- ¿Tú crees que hay algo después, niña?
La pregunta me pilló de sorpresa y me hizo acurrucarme más. Mi padre había sido un trabajador del campo, pero eso no quería decir que fuese tonto.
- ¿Te refieres a algo así como la reencarnación?
Mi padre hizo un mohín con sus labios.
- Por ejemplo.
Creo que no papi, creo que todo acaba... cuando....- Se me hizo un nudo en la garganta.
Mi padre me volvió a mirar, y juraría que sus hermosos ojos estaban húmedos.
- Estás muy equivocada niña. No digo que haya un Dios o algo. Pero nada muere. Simplemente cambia. Seremos polvo o cenizas que alimentaremos plantas o animales que a su vez seguiran su cadena. Y en todos ellos habrá algo de nosotros.
Yo no podía apartar mi mirada de él.
- Ah bueno, pensé que te referias al alma o algo así.
- Si nuestro cuerpo no muere, se transmorfa simplemente en otra materia, ¿como se puede negar la existencia del alma?
Miré por un segundo la carta con los resultados médicos y rápidamente aparté la mirada temiendo que él me la hubiese seguido.
- Pero el alma es como el aire... no se ve, papá. No se... es algo inconsistente. Nuestros deseos, amores, rencores, raciocinio... Todo nuestro ser está en nuestro cerebro. Y si morimos, él también muere con lo que somos o fuimos.
Desde la venta abierto nos llegaban los sonidos de la calle.
- Hasta el aire es algo. Y si una máquina se apaga, ¿acaso esa máquina no existe? sólo deja de funcionar. ¿Y si a nivel molecular nos transformamos o algo de nuestro "ser" va a otro ser vivo y allí vivimos de nuevo? - Mi padre me miraba sin perder su sonrisa. Hizo una pausa para beber agua y dejando nuevamente el vaso en la mesita continuó. - Puede ser que mis cenizas alimenten una planta... y esa planta un ciervo, y quizás ese ciervo tenga parte de mí. Muy primitivo pero así será.
- Y si yo me como ese ciervo, ¿te como a ti? jajaja.
- Exacto... hasta que la cadena por lo que sea se para en el ser vivo elegido, o quizás en un ser humano no haga falta eso.
- ¿porqué?
Mi padre se inclinó un poco. - ¿Acaso no lo ves, no te ves? Tú ya eres yo como parte de tu madre.
- ¡Pero eso no es reencarnarse, estás haciendo trampa!
Mi padre rió con una carcajada cristalina. Fué la última vez que le oí reir.
Volvió a apoyar la cabeza y a cerrar los ojos. Se le notaba cansado.
- No sabemos nada hija. Realmente no sabemos nada. Creemos que lo sabemos todo y cada día descubrimos algo que echa por tierra lo que dábamos por cierto. Hay fuerzas que la ciencia desconoce y como no puede nombrar ni etiquetar, pues las aparta.
Quedó en silencio.
Yo permanecí allí. Callada, a su lado. Con alguna que otra lágrima que me caía por la mejilla.
- Te quiero mucho papá. - Conseguí a decir.
Sus labios se movieron levemente.
- Yo también hija, más de lo que te puedas llegar a imaginar. No me eches de menos, recuerda lo que te he dicho.
Entonces abrió sus ojos y me miró con su mirada traspasándome.
- Junto a tu madre, has sido lo mejor de esta vida mi niña.
Rompí a llorar y le abrazé.


Cinco meses después nació mi hijo. Le llamé David, tiene su misma carita. Se le parece mucho en la nariz y las facciones. Lloré como una cría cuando me lo trajeron, pero realmente lloré más cuando al segundo día otra madre vino a la sala con su bebé y le empezó a dar el pecho. Su hijo se llamaba Tomás. Y cuando lo miré rompí a llorar y no pude parar en toda la tarde. El bebé me miraba con sus hermosos ojos. Los ojos de mi padre... y juraría que me sonreía.





Pd. El video mejor no verlo, y sobre el minuto tres y pico se le va la pinza jajajaja. Pero bueno, es simplemente increible y maravilloso como canta.




Espero que haya alguien
Que cuíde de mi
Cuando muera, cuando me vaya

Espero que haya alguien
Que libere mi corazón
Que le guste sostenerlo cuando esté cansado

Hay un fantasma en el horizonte
Cuando me vaya a la cama
¿Cómo podré dormir al llegar la noche?
¿Cómo descansará mi cabeza?

Oh, estoy espantado del lugar que hay
Justo entre la luz y ninguna parte
No quiero ser el elegido
Allí abandonado, allí abandonado

Hay un hombre en el horizonte
Que desea que me acueste
Si sucumbo a sus pies esta noche
Permitirá que descanse mi cabeza

Así que hay una esperanza de que no me asfixie
O de que quede paralizado por la luz
Y como un regalo caído del cielo, no quiero irme
Al final del horizonte

Espero que haya alguien
Que cuide de mí
Cuando yo muera, cuando yo parta

Espero que haya alguien
Que libere mi corazón
Y que me abrace cuando esté cansado…

Razones




te echo de menos, le digo al aire
te busco, te pienso, te siento y siento
que como tu no habra nadie
y aqui te espero, con mi cajita de la vida
cansada, a oscuras, con miedo
y este frio, nadie me lo quita

tengo razones, para buscarte
tengo necesidad de verte, de oirte, de hablarte
tengo razones, para esperarte
porque no creo que haya en el mundo nadie mas a quien ame
tengo razones, razones de sobra
para pedirle al viento que vuelvas
aunque sea como una sombra
tengo razones, para no quererte olvidar
porque el trocito de felicidad fuiste tu quien me lo dio a probar

el aire huele a ti, mi casa se cae porque no estas aqui
mis sabanas, mi pelo, mi ropa te buscan a ti
mis pies son como de carton
que voy arrastrando por cada rincon
mi cama se hace fria y gigante
y en ella me pierdo yo
mi casa se vuelve a caer
mis flores se mueren de pena
mis lagrimas son charquitos
que caen a mis pies
te mando besos de agua
q hagan un hueco en tu calma
te mando besos de agua
pa que bañen tu cuerpo y tu alma
te mando besos de agua
para que curen tus heridas
te mando besos de agua
de esos con los que tanto te reias

jueves, 9 de julio de 2009

La muerte del bufón




Lo siento pero no puedo. Lo he intentado pero no puedo. Voy a dejar de escribir unos dias. No llegará a dos semanas, lo prometo, pero si por lo menos una. Necesito desconcectar un poco. Dejar de obligarme a escribir y postear. Dejarme llevar. Lo he intentado pero no puedo. Hoy me he roto y necesito dejarme llevar. Han sido diez años... diez años con ella y duele. Casi una vida. Ya sabéis que llevo un tiempo así, y necesito unos días para mí. Os prometo que volveré pronto y seguiré escribiendo. Perdonadme si no os posteo.
Bueno os dejo con esta pequeña historia. Gracias.




El Rey parpadeó sin comprender.

-¿Cómo? -Su consejero se acercó más al oído y le susurró de nuevo
- El bufón ha muerto, Señor.
El Rey se quedó paralizado. Dejó caer la pieza de ajedrez y se puso en pié. Sin saber muy bien lo que pasaba por su cabeza se dirigió hacia los aposentos de su esposa.
Golpeando las pesadas puertas dos veces con su puño entró sin esperar respuesta.
Allí encontró a su mujer y a su hija.
Las dos sorprendidas por la interrupción se pusieron de pié inmediatamente.
- ¿Qué pasa?- Inquirió la Reina preocupada
El Rey permaneció de pié con la cara descompuesta. En un murmullo de voz pudo decir.
- Ha muerto... El bufón ha muerto.
Su hija rompió a llorar. Llevaba un precioso vestido de seda celeste. La Reina se echó las manos a la cara.
El Rey comenzó a andar por los pasillos de palacio con su mujer e hija detrás.
La pequeña no paraba de llorar.
Subiendo y subiendo escaleras llegaron hasta un aposento en la parte alta de castillo.
Un guardia permanecía en la puerta y se cuadró al ver al Rey.
Los tres entraron y encontraron el bufón en la cama, con sus manos cruzadas sobre el pecho y su traje puesto.
Lo único que no llevaba era su máscara. Permanecía a su lado, sobre la cama.
Por la única ventana se veía el cielo azul.
Parecía dormido. Su expresión era de paz. De absoluta paz.
El Rey habló. - Pero, ¿cómo es posible?, ¿estaba enfermo?, ¿porqué no fuí informado?
La pequeña apartaba el cabello rubio de su rostro y no paraba de llorar. Su madre apretaba los labios temblorosos.
-Ya hacía unas semanas que no le veía. - Dijo el Rey.
- Yo también. - Afirmó la Reina.
- Ya no jugaba conmigo - dijo la hija.

El rey bajó su cabeza.
- Quién me aconsejará ahora. Quién me acompañará en mis largos paseos. Era mi hombre de confianza, incluso más que mi consejero.
- Quién hablará conmigo de mis problemas que él solo entendía y tenía paciencia de escuchar. - La Reina a duras penas aguantaba las lágrimas.
- Quién me acompañará en mi soledad. Quien hablará conmigo hasta que yo me duerma. No me trataba como a una niña. Era su niña. - Sollozó la hija.

Los tres lloraron en silencio mientras observaban el rostro del Bufón. Quieto inmóvil. Tan lleno de vida e ilusiones hace tan sólo unos días.

- Qué terrible morir sólo. Aquí en este cuarto pequeño.- Suspiró el Rey.
- No es malo morir sólo. Es peor morir en soledad.
Los tres se volvieron y vieron la alta figura del mago que se enmarcaba en la puerta.
Los tres asintieron.
-Nunca contaba nada. - Dijo la Reina.
- A mí si me contaba, pero le costaba mucho hablar de sí mismo.- Dijo la hija mirando a su madre.
El mago se acercó a ellos.
-No le costaba.- Puntualizó el mago.
-No sabía... - Dijo bajando la cabeza.
-No sabía... y nadie le enseñó.
Los cuatro le miraban con lágrimas en lo ojos, mientras resonaban las últimas palabras del mago.

-La soledad le mató, y no sabía decirlo.

La máscara del bufón les miraba a todos con sus ojos huecos.