miércoles, 13 de agosto de 2008

Estación de paso

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A Santi le quedaban apenas veinte minutos para irse, y el día no era precisamente movido. Apenas había tenido trabajo, así que ahora mismo pasaba el tiempo haciendo garabatos con el boli, sobre un papel en blanco.

-¿ Me das un billete?

La voz era suave y joven. Santi levantó la cabeza y la miró. Era joven, muy joven, con el pelo en cortado en melenita, morena, de grandes ojos marrones y piel muy blanquita. No era especialmente bella, pero si resultaba guapa.

- Claro, por supuesto. –Santi dejó el boli, y tecleó en el ordenador. - ¿ Hacia dónde?

- No sé. Me dá igual para donde quieras.

El la volvió a mirar. Lo había dicho con total naturalidad, su voz era tremendamente suave.

- Um bueno, deberías decirmelo tú, ¿no?- Ni se dio cuenta que la estaba tuteando.

Ella hizo un mohín con los labios y encogiéndose de hombros, volvió a hablar.

- Ya te he dicho que me da igual, en serio. No te preocupes.

Miró la pantalla del ordenador, y no sabía que hacer. Allí estaban los destinos,

Málaga, Sevilla, Granada, Córdoba, Murcia, etc…

- Es que no se… depende de la hora, si quieres esperar, mucho o no, o como te he dicho… hacia donde quieras ir.

Ella sonrió levemente.

- ¿Hacia dónde irías tú?.

Santi sonrió. Le caía bien. Tenia algo en su rostro y en su voz que transmitía mucha serenidad.

- Roma -. Dijo sin dudar.- Iría a roma. Me muero por ir a Roma.

La sonrisa de ella fue más abierta.

-¿Y porqué no lo haces?, ¿qué te lo impide?

- Uf, no sé. –dijo mientras sonreía y se echaba hacia atrás en el asiento.- Supongo que muchas cosas, el trabajo, el dinero, la falta de tiempo. – La miró a los ojos y le pregunto-. ¿Tu te irías a Roma si tuviese un tren que te llevara?

-Por supuesto que sí.

Santi se quedó estupefacto por la rapidez de la respuesta. Ni lo había pensado un segundo.

- No me hablas en serio. Nadie se va a otro país así como así. Eso hay que organizarlo. Papeles, maletas, dinero, hoteles, no se…

Ella empezó a mirar hacia los lados, parecía que la conversación le estaba aburriendo un poco.

-¿No haces nada en tu vida sin planificarlo antes todo? Me parece que te estás perdiendo muchas cosas detrás de esa ventanilla.

Entonces se inclinó y puso su cabeza muy cerca del círculo de la ventanilla. –Anda veamos que tenemos ahí. –clavó sus ojos en los de Santi -. Si ahora mismo tuvieses que coger un tren, hacia donde te gustaría que te llevase.

Santi miró la pantalla del ordenador de nuevo, y sin saber muy bien porqué dijo:  Cádiz.

-Pues muy bien, -. Y entonces dió un palmetazo a la barra del mostrador -. Adjudicado. Me voy a Cádiz. – Y sonrió abiertamente, pero forzando la mueca tanto que sus dientes se veían completamente. Era como una viñeta de dibujos animados.

Santi lanzó una carcajada, y después de teclear el destino y otros datos, le entregó el billete a ella, que pagó religiosamente.

- Gracias -. Empezó a girarse para marcharse. – espero que algún día cumplas ese sueño de irte a Roma.

Empezó a andar, y mientras se iba le dijo -. Asoma de vez en cuando esa cabeza de por el agujero de tu ventana. Hay muchas cosas que te pierdes -.

Santi ya no pudo hacer nada durante el resto del tiempo que le quedaba para marcharse. No sabía porqué pero le había dejado una huella tan profunda aquella… ¿niña?, ¿mujer?, que no sabía qué le pasaba. Miró mil veces el reloj hasta que por fin marcó en punto y dispuso todo para cerrar.

Se acercó después a la cafetería y se compró un bocadillo y una coca cola y mientras le daba grandes bocados se puso a pasear por los andenes de la estación.

Nada. No la veía.

Acabó el bocadillo, y tiró la lata a la papelera junto con su ánimo de aquel día. Y el caso que no estaba nervioso. Era como si aquella chica le hubiera transmitido algo en su ser inexplicable, pero palpable.

El sol ya se estaba poniendo y las sombras se alargaban. El pitido de los trenes se confundía con el olor de hierro, y con los murmullos de los viajantes.

Y entonces la vio.

Estaba sentada encima de un fin de vía, en la vía muerta que se usaba para aparcar momentáneamente a las locomotoras averiadas hasta que un tren lo arrastraba al taller.

Se dirigió hacia allí sin saber muy bien porqué.

Le habló cuando faltaban unos metros para llegar a ella, para que no se asustase.

- Hola

Ella giró la cabeza sonriendo.

- Hola. – Dijo ella y volvió a mirar hacia la puesta de sol

- Déjame que adivine, tienes miedo a que mañana alguien venga con una foto mía preguntándote si me has visto.

Santi se quedó estupefacto porque si que se le había pasado por la cabeza.

- Y… ¿eso puede pasar?.

- No tranquilo. Soy mayorcita, y nadie me buscará, en todo caso.

Santi se apoyó a su lado y los dos miraron la puesta de sol.

- ¿porqué te preocupas por mi?

-Pues no se. Me has despertado curiosidad. Se te ve muy segura de ti misma, y en cambio tienes algo que no se describirte, como un halo de tristeza en tu rostro.

Ella se volvió levemente y le obsequió con una sonrisa que no consiguió apartar la melancolía de su mirada.

Así permanecieron en silencio durante bastante rato, hasta que el sol, empezó a ocultarse.

- La verdad que Cádiz estaría bien.

- ¿Qué quieres decir?

- Pues eso, no se… que estaría bien darse una vuelta por allí.

Ella le miró.

- ¿Lo dices en serio?

- Completamente. – Y santi cruzó los brazos en el pecho.

- Creo que la foto que van a buscar será la tuya.

- No creo. –dijo mientras le sonreía. – Soy mayorcito y nadie me buscara.

Los dos rieron a carcajadas.

Por la vía principal el tren de Cádiz entraba en la estación. El sol se ponía y el aire se hacía más fresco.

La luna se hizo mas intensa, e inesperadamente una estrella fugaz, surcó brillando el oscuro cielo.

Los dos se la quedaron mirándola.

¿Qué se hacía, cuando se veía una?, ¿significaba algo aquello?

Los dos riendo se dirigieron al tren.

Detrás de ellos, otra estrella brilló aún mas intensamente, dejando fragmentos brillantes en su recorrido.

La noche llegaba rauda y la pareja se subió al tren entre el bullicio de la gente.

6 comentarios:

emperatriz dijo...

Bonito final.

Y la del barco??

Ayshane dijo...

la leche sueño que largo... lo leeré en casita que ahorita estoy currando!!!! jajajaja

que tienes algo pa ti y tu hermana en mi casita.... jajajajaja

Lobo dijo...

Si muy bonito lo de las estrellas fugaces.
La tierra gira y el polvo de estrella nos concede deseos que no morirán al amanecer.
Al menos eso espero
Tienes una gran maestria para introducirnos en la acción y por extensión a la atmósfera de la historia, me gusta.

Prisbru dijo...

Yo solo he pedido uno este año aunque como siempre, dudo q se cumpla!
M encanta ver q siempre pueder haber un final feliz!
Un beso

Ayshane dijo...

Bueno vale... prometí leer tu historia cuando llegase a casa y ups se me olvidó...

Me ha encantado de verdad... como tú, como un sueño... e incluso te diría que al final debo retractarme porque no es tan largo... al final se me hizo corto... ¿sabes qué tren o trenes me gustaría que hubieran y que me gustaría coger?
1.- A Japón.
2.- A Florencia.
3.- A Nueva Orleans.

---- ahora un pequeño inciso...

¿Lo has echo a posta verdad? ¿por lo del comentario de qué no creo en el amor?

Supongo que me encantaría vivir una historia así... mirar a los ojos a alguien y decir ¿por qué no? sin planes, sin prisa, sin saber... y que dos estrellas fugaces volaran por encima de nuestras cabezas cruzando a la vez nuestros destinos... para bien o para mal... para encontrar aquello que no conocíamos o creíamos conocer... o simplemente juramos no creer...

¿Qué si creo en el amor? me encantaría creer sintiéndome morir por ése sentimiento... ¿si creo qué jamás lo sentiré o lo encontraré? no puedo decir jamás en este caso, no hay nada imposible incluso para una excéptica como yo...

aysnssss.... sueño... que me pongo triste.... jajajajaja .... abriré los ojos a esta nueva Esperanza... lo prometo.... buena lección me has dado...

Ayshane dijo...

Bueno... ahora soy yo la que espero tu critica querido sueño....