viernes, 12 de junio de 2009

Un día cualquiera




Hay veces que la melancolía te envuelve como las capas de una cebolla.
Que por mas que te quitas una, siempre hay otra debajo, más finita y brillante. Muy brillante.
Y esa cuesta quitarla más, porque está muy pegada. Muy pegada a tí.
Y ya sabéis qué pasa con la cebolla, ¿verdad?. Exacto, hace llorar.

Cuando eres más joven te pones melancólico con un día nublado. De esos que aunque no llueva, las nubes grises llenan todo el cielo. Y es como si te pesara el cuerpo y te costase respirar. Y gusta quedarse pegado a una ventana o asomado al balcón con la mano en la mejilla o la frente apoyada en el cristal.
No sé por qué... Pero es así.

De mayor o con los años, uno se hace todo un experto. Ya no hacen falta esos días nublados. Dá igual que llueva, o haga sol.
De hecho hoy está cayendo el mismísimo infierno sobre nosotros.
Y ahí ando. Sí, con un pié delante del otro pero bamboleándome.
Y no es que uno ande muy mal. Pero le gusta abandonarse a veces. ¿Verdad?
Tumbarse en la cama, levantar los brazos sobre la cabeza (condición indispensable para estar melancólico), y cerrar los ojos acompañado por alguna música o canción que repetimos una y otra vez.
Claro... Claro que se escapa alguna lagrimilla de vez en cuando. Casi no te das cuenta. La notas cuando resbala por tu mejilla y la piel la vá absorviendo frenando su caida. A veces la tocas con el dedo y la miras como extrañado. ¿De donde salió aquello?
Cuando vas viendo que las sombras van llenando tu cuarto, te das cuenta que el tiempo va pasando. Muy rápido, muy rápido. Y que tú estás inmovil.
Así que empiezas a cuestionarte si sigues así inmóvil, o te incorporas y te unes a la vida, subido en ese tren del tiempo.

Yo de momento me he levantado para escribir esto...
¿Pero sabéis una cosa?
Me voy a tumbar otra vez.
Hoy el mundo puede seguir sin mí.
Mañana ya yablamos.

Sólo te conceden un par de momentos que determinan tu vida. A veces, solo uno y luego se acabó. Para siempre

(Todos los hombres del rey)

10 comentarios:

Lobo dijo...

Es curioso, porque a mi hoy me está pasando algo así, estoy sin estar, distraido o refugiado en aquello que almenos parece que tengo controlado ( cosas intranscendetes), pequeños detalles recurrentes para encontrar pequeños placeres.
como decía cierta canción de Amaral, " la melancolía es licor bien caro, y no te as dado cuenta y ya te ha emborrachado".
Un abrazo Melancolico Sueño.

Nayuribe dijo...

Definitivamente seguimos el "duelo" al mismo tiempo... ando así, caminando ausente, sin ganas de hacer mucho... con lagrimillas de vez en cuando...
Pero ya pasará... besitos

Verónica (peke) dijo...

Un dia cualquiera te levantaras y veras que no duele y volveras a sonreir y a vivir como nunca...

besotes de esta peke.

pd: te espero como siempre por mi rincon con tu taza de cafe, si gustas....

sueño dijo...

Lobo.

Sí. La verdad que es muy fácil caer en el exceso. Es una línea muy pequeñita las que las separa.
Pero a veces es emocionante andar por esa línea y mirar a los ojos al abismo.

Un abrazo.

Nayuribe.

jajajaja. Bueno no es algo intencionado, ¿eh?.
Lo mismo que llegan estos días, se van...
Lo malo que siempre vuelve algo.

Un besazo niña.

Verónica (peke)

¿sí?, bueno te creo. Confiaré en tí. ¡Ay como me engañes!.

Un beso.

AdR dijo...

Es cierto eso de: hoy el mundo puede seguir sin mí.

Pero... la verdad es que es mejor estar en el mundo y girar con él, aunque unos momentos de parón... se permiten y son hasta "reponedores".

Abrazos, con los brazos llenos de agua de mar :)

sueño dijo...

AdR.

Por supuesto, aunque a veces nos permitamos un descanso, jamás podemos dejar de caminar o ir subidos en él.
Sólo como tú dices pausas reponedoras.

Pd. Cabronazo ya te valeeee. Tú si que sabes hacer pausas.
un abrazo. Xd.

Sensaciones Encontradas dijo...

Te voy a contar una historia sobre las cebollas, sus capas y porque nos hacen llorar:

Había una vez un huerto lleno de hortalizas, árboles frutales y toda clase de plantas. Como todos los huertos, tenía mucha frescura y agrado. Por eso daba gusto sentarse a la sombra de cualquier árbol a contemplar todo aquel verdor y a escuchar el canto de los pájaros. Pero de pronto, un buen día empezaron a nacer unas cebollas especiales. Cada una tenía un color diferente: rojo, amarillo, naranja, morado... El caso es que los colores erais irisados, deslumbradores, centelleantes, como el color de una sonrisa o el color de un bonito recuerdo. Después de sesudas investigaciones sobre la causa de aquel misterioso resplandor, resultó que cada cebolla tenía dentro, en el mismo corazón (porque también las cebollas tienen su propio corazón), un piedra preciosa. Esta tenía un topacio, la otra un aguamarina, aquella un lapizlázuli, de las más allá una esmeralda ...

¡Una verdadera maravilla!

Pero por una incomprensible razón se empezó a decir que aquello era peligroso, intolerante, inadecuado y hasta vergonzoso. Total, que las bellísimas cebollas tuvieron que empezar a esconder su piedra preciosa e
íntima con capas y más capas, cada vez más oscuras y feas, para disimular cómo eran por dentro. Hasta que empezaron a convertirse en unas cebollas de lo más vulgar. Pasó entonces por allí un sabio, que gustaba sentarse a la sombra del huerto y sabía tanto que entendía el lenguaje de las cebollas, y empezó a preguntarlas una por una...

¿Por qué no eres como eres por dentro? Y ellas le iban respondiendo:

-Me obligaron a ser así...
-Me fueron poniendo capas... incluso yo me puse algunas para que no me dijeran....

Algunas cebollas tenían hasta diez capas, y ya ni se acordaban de por qué se pusieron las primeras capas. Y al final el sabio se echó a llorar. Y cuando la gente lo vio llorando, pensó que llorar ante las cebollas era propio de personas muy inteligentes.

Por eso todo el mundo sigue llorando cuando una cebolla nos abre su corazón. Y así será siempre…

Ya ves, hasta ellas se vuelven melancòlicas...

a mi me encantan esos dias, te ayudan a conectar contigo mismo sin importar el resto del mundo, creo que los tenemos porque a veces no nos escuchamos lo suficiente, estamos demasiado ocupados... pero esos dias, como tu dices, el resto del mundo puede seguir sin ti...

Pat dijo...

Melancolía. Aterradora y feliz dentro de lo que cabe. Siempre sucede a alguna felicidad previa, o es el preludio de la que está por venir, no lo sé. Sea como sea, presta sentirte viejo de vez en cuando con 16, 20, 30 años...los que sean, aunque sólo sea para darte cuenta de lo vivo que estás.
un saludo!

sueño dijo...

Sensaciones encontradas.

Increíble historia. La verdad que te agradezco profundamente el tiempo que has dedicado al contármela.
Supongo que todos guardamos tesosos dentro de nuestras capas de cebolla ¿no?.
De nuevo te doy las gracias y tienes razón. Estos dias nos ayudan a encontrarnos.
Un beso.

Pat.

Siempre tan cargado de razón lo que dices. Hasta lo peor o menos bueno nos hace sentir vivos... y eso ya merece la pena.

Un besazo.

Yo dijo...

A mí los días nublados me ponen tristes. Más o menos como defines, sí. Será que aún soy joven xD

Pero sí... afectan negativamente al ánimo...

Me ha gustado a mi también el cuento de la cebolla... ^^