miércoles, 17 de septiembre de 2008

Huida

 

Últimamente no te alcanzo.

Corro tras de ti, pero cuando mis dedos apenas logran rozar la piel de tu mano extendida.... de nuevo te pierdes.

Te veo allí, delante de mí, y eso es lo cruel, que por mas que corro y corro, no logro llegar  a ti.

Te paras y me miras, y casi sin volver la cabeza, me enseñas tu mano mientras prosigues tu camino.

Pero no puedo... me tengo que parar con el tronco doblado, casi sin poder respirar, tosiendo y casi con lágrimas en los ojos del dolor.  Y cuando te miro tu distancia sigue aumentando.

No caminas sola, y me miras y en tus ojos veo que me dices que no puedes hacer otra cosa.

Que corra y te alcance.

Pero mis espaldas me pesan. Llevo mucho encima, y no me puedo deshacer de todo. O casi de nada. Y es mucho peso para caminar ligero.

Y por fin te veo. Sentada en un banco, dormida.

Sólo puedo acercarme y arroparte con mi chaqueta, y darte un beso en la frente.

Sentarme a tu lado... y dormir yo también.

Sabiendo que cuando yo abra los ojos, mi cazadora estará sobre el banco, y tú ya no estarás.

3 comentarios:

emperatriz dijo...

Son carreras imposibles contra el ritmo de la vida.
Cuántas veces una no se siente agotada de seguir o perseguir, una mano o un corazón.
Y sucede entonces quevelamos su sueño, pues no podemos velar nada más. Y ya no nos es posible tener más tiempo, ni acortar las distancias, y el dolor se hace manifiesto, la soledad intensificada por la impotencia y el cansancio de un alma, que llora porque no le alcanza.

Lobo dijo...

Para salir corriendo siempre hay fuerzas, fuerzas escondidas, reservadas con dolor, en lo más profundo del corazón. Cuando eso te sucede, no puedes dejar de huir, estarás lejos, pero seguirás cerca del dolor y quizás al borde de un acantilado, con vistas al oceano.

Yo dijo...

Pufff... jodido sentimiento ese.

Suscribo todas y cada una de las palabras de Empe.

Un beso.