martes, 16 de septiembre de 2008

Luna

luna

 

 

Apoyo mi mano en la nieve, y siento el intenso frío del hielo traspasar mi piel, y adormecer mi carne.

Cuando no puedo más la separo y veo su forma marcada en el suave y blanquecino manto. Veo mi palma... y  sus cinco dedos separados.

Miro su forma y me miro la mano, donde pequeñas trozos de hielo se derriten al calor de mi piel que poco a poco vuelve.

La hoguera que tengo cerca crepita violentamente con la madera nueva.

-Toda tu vida has estado mirando las musarañas.

Ella habla cerca de mí. Se mueve balanceándose hacia un lado y otro, quizás buscando entrar en calor.

-Tooda tu maldita vida has estado pendiente de las mas absolutas chorradas, en vez de prestar atención a lo verdaderamente importante.

Yo me guardo la mano en mi bolsillo y miro de nuevo la forma de mi mano.

¿Cuánto duraría al calor de la hoguera?- me pregunto.

-Así te ha ido... y así te irá.- decía ella lanzándole miradas furtivas.

Yo me abrigué mejor y me alcé el cuello de mi chaqueta.

La figura de la mano empezaba a parecer difusa. Los bordes de los dedos se iban derritiendo por el calor del fuego.

Y así me siento. Como si cada noche.... cada maldita noche... todo lo que he echo durante el día no tuviera sentido. Como si no sirviera de nada. Como si al salir de nuevo el sol de madrugada tuviese que volver a empezar...

Una y otra vez... una y otra vez.

Mis deseos, mis ilusiones, mis anhelos se desdibujaban como el contorno de mi mano en la nieve.

Y vuelta a empezar... cada día vuelta a empezar.

Cada día nuevos propósitos, cada día nuevas intenciones... ser feliz, sobre todo.

Y cada noche... todo volvía a ser negro y sucio. Todo se derretía y se corvertía en agua gris frente a mi miedo y mi desesperanza.

-Ni una conversación se puede tener contigo. Eres lo mas tonto que he conocido en mi vida. 

La mano ya no tiene forma. Es simplemente un hueco en la nieve medio lleno de agua.

Como mi vida.

Vuelvo la cabeza hacia el fuego, y la miro a ella.

La hoguera que derrite la forma de mi alma.

No puedo más.

Y entonces... sin saber muy bien porqué miro hacia arriba.

Allí está. La luna mas grande y bonita que he visto en mi vida.

Blanca y desafiante contra el cielo estrellado.

Y sonrío. Sonrío porque solo a mí se me ha ocurrido levantar la cabeza y mirarte, gran luna blanca.

Sólo a mi.

Y sé que todo tiene arreglo. Que mi alma espera.... que no se ha derretido por su hoguera.

Y soy feliz como jamás lo he sido, porque esa luna me trae la esperanza. Esperanza de que esta noche no todo morirá para volver a nacer por la mañana.

Y sólo yo te he visto luna mía.

El aire es frío. El viento arrecia, y la voz de ella no para de llegar a mis oídos.

Es entonces cuando  lo entiendo.

Porque sé que todo va a cambiar. Basta ya de permanecer impasible. Basta ya de esperar.

y, entonces hablo.

"Cállate".

3 comentarios:

emperatriz dijo...

Sencillamente excepcional.
No todo el mundo se acuerda de mirar la luna, ni el cielo, ni las estrellas que se ocultan más allá.
Pero el saber que puedes compartir ese pensamiento , ese instante único con alguien , en la distancia, te da la fuerza de cien cañones de metralla.
Lo dice una que se ha pasado la vida asomada a la ventana o al balcón.

Lobo dijo...

AUUUUUUUUUUUUUUUUU¡¡¡¡¡¡

Yo dijo...

Vaya. Joder. Qué tía más estúpida. Haces bien. Mira a la luna, que pa lo que hay que ver y oír... jajajaja :P


Esta modalidad de post escupido me ha gustado xD